Agricultura urbana techos

Agricultura urbana: Re-naturalizando la ciudad

Publicado por Adonay Perrozzi el 08 de Julio de 2020

Cultivar alimentos y relaciones sociales para ciudades más saludables.

Referirse a la agricultura urbana puede parecer un poco contradictorio. Históricamente hemos asociado las actividades agrícolas y ganaderas al campo. La visión clásica tiende a distinguir estos dos ámbitos por oposición: lo rural es lo contrario a lo urbano; si lo rural es lo agrícola, por asociación la ciudad es lo no-agrícola. Pero esta categorización ha ido perdiendo nitidez y hoy día ciertas actividades propias del medio rural no se desarrollan estrictamente al margen de la ciudad.

Las prácticas de agricultura urbana no son recientes. Durante la Primera y Segunda Guerra Mundial millones de europeos y estadounidenses plantaron “jardines de la victoria” como respuesta a la escasez de alimentos. Al culminar la guerra, muchas de estas prácticas se abandonaron y fueron suplantadas por una agricultura rural a gran escala que se tornó más eficiente con la industrialización.

Si bien la agricultura industrial se ha vuelto mucho más productiva y ahora se cultivan asombrosas toneladas de alimentos al año, ello no se traduce en que todos tengan acceso a productos agrícolas asequibles y saludables. Es por lo que, desde la década de 1980, los huertos urbanos han ganado importancia no solo para que más personas tengan la posibilidad de consumir alimentos de mayor calidad y más saludables, sino también por la contribución de esta práctica a la educación ambiental, relaciones sociales, generación de empleo y regeneración de sectores abandonados de la ciudad.

La agricultura urbana a menudo se confunde con la jardinería comunitaria o la agricultura doméstica. Esta se diferencia porque, además del consumo personal de los productos cultivados, su foco reside más en la venta. La agricultura urbana asume un nivel de comercio.

Su importancia está determinada por la posibilidad de aumentar el acceso a alimentos cultivados localmente y también porque permite aprender lecciones importantes sobre nuestra alimentación. En definitiva, es una práctica que contribuye a que seamos consumidores urbanos mejor informados y más vinculados con nuestro medio ambiente.

¿Qué se necesita para practicar la agricultura urbana?

La agricultura rural tradicional se caracteriza por su demanda de extensas tierras para el cultivo de plantas y crianza de animales, no obstante, la agricultura urbana aprovecha todos los espacios disponibles dentro de las ciudades. 

Los lugares destinados a estos huertos urbanos pueden ser tanto públicos como privados y pueden estar localizados en terrenos baldíos, techos de edificios, calles públicas, márgenes de ríos o en cualquier otro espacio dentro de la ciudad. Los gastos iniciales están supeditados a las estructuras que se requieran dependiendo de su localización, y a la cantidad de recursos como tierra y agua que varía de acuerdo con los tipos de cultivo.

Una de las principales complejidades a las que se ha enfrentado esta práctica en los últimos años es la restricción de usos del suelo en ciertos sectores de las ciudades. La zonificación juega un papel fundamental en la agricultura urbana porque determina no sólo los lugares en los cuales está permitido el uso de terrenos públicos o privados para llevarla a cabo, sino porque también puede restringir los tipos de cultivos. Al igual que la agricultura rural que es una actividad regulada, la agricultura urbana debe también incorporar ciertas directrices para disminuir problemas de seguridad asociados a aspectos medioambientales en ámbitos urbanos.

Cleveland es una ciudad pionera en incorporar una legislación que cambia las restricciones de zonificación para crear huertos urbanos en propiedades desocupadas. Han proliferado gran cantidad de granjas urbanas que pretenden convertir a la ciudad en la “capital regional de alimentos locales”. Una de las iniciativas más valoradas es la asociación entre agricultores urbanos, el mercado local West Side Market y los restaurantes de la ciudad que permite fortalecer la economía local.

Foto: The Greening of Detroit.

Múltiples amenidades

La agricultura urbana puede contribuir al bienestar de las personas y de las comunidades de múltiples formas. Si bien no suplantará a la agricultura industrial ni proporcionará la misma cantidad de alimentos, esta práctica presenta algunos beneficios asociados:

  • Acceso a alimentos de mejor calidad: suministra alimentos frescos y permite que poblaciones de más bajos ingresos o en condiciones de vulnerabilidad accedan a productos saludables que normalmente deben adquirirse en los mercados a mayores costos. También se elimina la necesidad de conservantes ya que los productos no tienen que viajar largas distancias.
  • Estimula la economía local: contribuye a la creación de empleo, la generación de ingresos, el crecimiento de las pequeñas empresas y propicia vínculos locales necesarios para las economías de escala.
  • Promueve el aprendizaje y la relación con la naturaleza: el proceso de cultivar alimentos enfatiza que los alimentos no se originan en los supermercados. Además, contribuye a que las personas sean más conscientes del sistema alimentario y su papel en la creación de un entorno saludable. Los programas educativos incorporados en las escuelas refuerzan este vínculo con el medio ambiente y promueven la alimentación saludable.
  • Aporta a la estética de la ciudad y a la reducción de contaminación: promueve la creación de más franjas verdes que mejoran la calidad de la vida urbana. También pueden ayudar a filtrar la contaminación del aire local, enfriar las ciudades en verano y retener las precipitaciones, evitando la escorrentía de aguas pluviales en las vías fluviales cercanas.  
  • Genera capital social y refuerza los vínculos comunitarios: la agricultura urbana puede aumentar los lazos sociales y consolidar las redes entre los vecinos y las personas que participan en esta práctica. Además, contribuye a generar un sentido de pertenencia hacia el vecindario que puede propiciar que se recuperen más espacios abandonados de la ciudad.

Pese a todas las amenidades asociados a la agricultura urbana, debe tomarse en consideración que cuando estos espacios no se diseñan y mantienen correctamente, pueden terminar siendo aún peores para el medio ambiente, por ejemplo, si se utilizan fertilizantes de manera ineficiente o se contaminan las aguas cercanas con escorrentía de nitrógeno.

Apreciar mejor la naturaleza y los alimentos 

Trabajar en un huerto urbano implica aprender lo que se necesita para cultivar diferentes tipos de alimentos y apreciar la dificultad de esta labor. La agricultura nos permite comprender la estacionalidad de las diferentes frutas y verduras y experimentar de cerca las complejidades de este sistema con el que la mayoría de nosotros hemos perdido contacto. Nuestra conexión con la tierra y con el medio ambiente se vuelve más obvia cuando observas crecer los cultivos.

La agricultura urbana también nos permite ser más conscientes y valorar la labor de las personas que nos alimentan: trabajadores agrícolas, transportistas, empacadores, vendedores locales, etc. Aunque sea a pequeña escala, esta práctica puede realzar nuestra relación con la naturaleza y reforzar vínculos en nuestras comunidades.

Educación agricultura urbana

Foto: The Battery.

Foto de portada: Eagle Street Rooftop Farm.

2 comentarios

Carmen Peñaloza

Súper interesante artículo Nikolai. De verdad que es todo un reto este Plan Maestro. Muchas gracias por compartir. Un abrazo!

[…] salir airosos de las nuevas dinámicas que tensionan nuestro desarrollo: aumento del nivel del mar, estrés hídrico, migraciones masivas, hundimientos de ciudades, envejecimiento poblacional, […]

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.