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Reconversión de vertederos en parques urbanos: 5 casos

Reconversión de vertederos en parques urbanos: 5 casos

La rápida urbanización y el crecimiento económico han aumentado considerablemente el volumen de residuos sólidos que producen las ciudades. Su gestión es una de las principales preocupaciones de gobiernos locales y regionales, especialmente por la proliferación de vertederos abiertos que se traducen en grandes desafíos ambientales y sociales.

En las últimas décadas ha cobrado fuerza una nueva perspectiva sobre la eliminación de residuos. Si anteriormente eran considerados desperdicios sin valor, hoy día la economía circular está desafiando este paradigma aprovechando las propiedades emergentes de la deposición de desechos. En algunas ciudades se ha ido comprendiendo que los efectos nocivos que produce la urbanización pueden transformarse en oportunidades para conceder nuevos espacios de calidad para el disfrute de los ciudadanos.

Revisamos algunos casos en que antiguos vertederos fueron recuperados y transformados en parques urbanos.

Moravia – Medellín, Colombia 

Primero fue un terreno baldío que empezó a ocuparse en los 60’s por desplazados de todo el país y luego fue decretado relleno municipal a finales de los 70’s. Entre 1977- 1984 la montaña de basura superó los 30 metros de altura y una extensión de 7 hectáreas, pero contrario a las expectativas de las autoridades municipales, Moravia siguió recibiendo pobladores que se dedicaron, principalmente, a actividades de reciclaje.

Ante la consolidación de estos asentamientos en suelo inestable y a la continua exposición a gases tóxicos, Moravia fue declarado barrio de intervención especial y un problema de salud pública a atender con urgencia. Desde el año 2004 se ha ejecutado un plan de mejoramiento integral que a la fecha ha supuesto: reubicación de 800 familias, siembra de un jardín para la ciudad con más de 46 especies de plantas ornamentales, construcción de un Centro de Desarrollo Cultural y un corredor peatonal, mejoramiento de espacios públicos y fachadas aledañas.

Además de la recuperación del espacio y del embellecimiento del entorno, se han gestado diferentes proyectos de sostenibilidad y de formalización de cooperativas. Hoy día, el barrio recibe aproximadamente 3.000 turistas al año.

Moravia

Foto: Alcaldía de Medellín.

Fresh Kills – Nueva York, EEUU

Las 890 hectáreas del vertedero Fresh Kills recibió en los 50’s los residuos sólidos de 5 ciudades. Con una extensión que casi triplica al Central Park, era el vertedero más grande del mundo. Fue clausurado en 2001 a través del cierre paulatino de secciones. Posteriormente, el Departamento de Planificación de la Ciudad de Nueva York convocó a un concurso público internacional que resultó en un plan maestro diseñado por la firma de arquitectura Field Operations

El plan propone rescatar los tradicionales humedales, la topografía original y la fauna autóctona de este espacio, convirtiendo a Fresh Kills en un símbolo de rescate y renovación del paisaje en una de las ciudades más densamente pobladas. El parque no solo representará la oportunidad de estudiar el desarrollo de ecosistemas en un entorno urbano, sino que velará por la sostenibilidad de todas las actividades que albergue. Para ello dispondrá de 18 hectáreas de paneles solares y un sistema de conversión de residuos en gas natural para abastecer de electricidad a 2.000 viviendas de las zonas aledañas.

El parque albergará una diversidad de espacios públicos para distintas actividades y programas sociales, culturales, educativos y deportivos. Su construcción se realiza en diferentes fases que culminarán en el 2035. Fresh Kills pretende ser el parque verde más grande e importante de Nueva York del último siglo.

Fresh Kills Park

Foto: Fresh Kills Park.

Hiriya – Tel Aviv, Israel 

Entre 1952 y 1998 el cerro Hiriya funcionó como un vertedero que recibía aproximadamente 3.000 toneladas de residuos domésticos por día. La acumulación de desechos derivó en una montaña de 60 metros de altura compuesta por 25 millones de toneladas de residuos. Estos contaminaron los cursos de agua adyacentes, el agua subterránea, provocaron la acumulación de biogas tóxico y atrajeron centenares de aves que constituían un peligro para el funcionamiento del principal aeropuerto de Israel.

El Hiriya fue clausurado en 1998 e inició su proceso de descontaminación y recuperación. En 2004 se celebró un concurso internacional que derivó en un plan para proteger la vegetación a través de una capa de bioplástico. Esta impide que el metano que produce la basura llegue a la superficie. Para extraer el biogas acumulado se perforaron más de 80 pozos, lo cual permite utilizarlo como energía verde. 

El nuevo Parque Ariel Sharon, localizado en el antiguo vertedero, fue inaugurado en 2014 y culminará su construcción en 2020. Sus 800 hectáreas ofrecen diferentes senderos para actividades deportivas, estanques de agua, humedales, un zoológico, áreas de picnic, un centro de reciclaje y un anfiteatro con capacidad para 50.000 personas. El proyecto fue premiado por el Centro Europeo de Arquitectura en la categoría «Arquitectura del paisaje».

Hiriya Tel Aviv

Foto: Latz + Partner.

Park Mount Trashmore – Virginia, EE.UU

Ubicado en Virginia Beach, el Parque Mount Trashmore abrió sus puertas en 1974. Su creación consistió en la conversión de un vertedero abandonado conformado por una colina de desechos sólidos. La montaña de 90 metros de ancho por 275 metros de largo fue construida a partir de alineaciones de basura, no obstante, se debieron considerar varios factores ambientales: el olor del relleno sanitario, la contaminación de aguas subterráneas, el gas metano emitido por la descomposición de los desechos y la estabilidad del suelo. La basura y tierra limpia conforman los cimientos de esta montaña originalmente llamada Mount Rushmore (cambiada a Trashmore por aludir a trash y su significado de «basura» en inglés).

El parque abarca 165 hectáreas y alberga dos lagos, dos parques infantiles, una pista de skate, áreas de picnic, multicanchas, un jardín acuático, juegos infantiles y múltiples senderos para caminar de diferentes extensiones. Hoy día es el parque más frecuentado en Virginia, recibiendo alrededor de un millón de visitantes al año. Su pista de skate de fama mundial ha sido frecuentada por diversos skaters profesionales como Tony Hawk.

Park Mount Trashmore

Foto: Virginia Beach Parks & Recreation.

Jinkou – Wuhan, China

Inició sus actividades en 1989 y cerró en 2005 con una acumulación de 3 millones de metros cúbicos de basura. La contaminación del vertedero causó numerosos problemas ambientales dado los gases tóxicos que emanaba, así como la infiltración de líquidos y daños en el paisaje.

Su restauración inició luego del cierre logrando recuperar más de 50 hectáreas de terreno en las que se plantaron especies autóctonas. El gas residual del líquido de infiltración de residuos y la fermentación se recogen y procesan, y la colina de residuos se refuerza para evitar accidentes geológicos. Se han minimizado también los riesgos de explosiones y escapes de metano provocados por la acumulación de tóxicos.

Jinkou se ha convertido en una exposición de jardines logrados a través de la reforestación y de una restauración ecológica exhaustiva. El proyecto es uno de los pilares clave para que Wuhan se convierta en la ciudad jardín nacional. En efecto, fue premiado en 2015 por el C40 Cities Climate Leadership Group y con su inauguración se celebró la décima exposición internacional de flores y jardinería.

Jinkou, Wuhan

Foto: Guangzhou International Award for Urban Innovation.

Foto de portada: Pixabay.

Publicado por Adonay Perrozzi en Adonay Perrozzi Paladino, Inicio, Referentes, 0 comentarios
Parques de Bolsillo: Aprovechando hasta la última esquina

Parques de Bolsillo: Aprovechando hasta la última esquina

¿Qué tan lejos está el parque más cercano a tu casa o trabajo? Con excepción de algunas ciudades, lo más probable es que la respuesta sea “10 minutos o más”, si tienes suerte. Y es que la mayoría de las zonas urbanas del mundo presentan importantes déficits de espacios públicos recreacionales como plazas y parques. Este problema nos afecta de muchas formas, pues limita nuestra capacidad de interactuar con miembros de las comunidades en las que vivimos, descansar de recorridos diarios, o simplemente disfrutar de la naturaleza.

En muchos casos, la forma tradicional de entender este déficit ha sido por medio de indicadores que relacionan la cantidad de espacio público disponible en cierta zona de la ciudad y el número de habitantes, resultando en un valor como “un metro cuadrado por habitante”. Gracias a estos indicadores, los planificadores «podíamos saber» si la demanda de estos espacios estaba cubierta o no. En función de esto, muchos gobiernos locales y organizaciones como la ONU establecieron requerimientos mínimos para considerar esta demanda satisfecha. 

La debilidad de esta metodología es que no contempla la accesibilidad a dichos espacios públicos, pues asume que un gran área recreacional en el centro de la ciudad, por ejemplo, es capaz de satisfacer las necesidades de habitantes de otros vecindarios, cuando la realidad es que probablemente no puedan acceder fácilmente a estos espacios, ya sea por el relieve, la complejidad de las vías para llegar, o simplemente la distancia real que los separa. Lo que esto indica es que, en lo que a espacios públicos se refiere, el tamaño no es lo que más importa. 

El reto de generar espacios públicos

Si acordamos que la provisión de espacios públicos debe estar enfocada en hacerlos más accesibles, sin importar tanto su tamaño, es muy probable que dicho enfoque sólo se aplique en nuevos desarrollos y vecindarios puesto a que el territorio de la mayoría de las ciudades ya está completamente ocupado, contando incluso con grandes áreas históricas que deben ser protegidas. No es de esperarse que un gobierno local pase por el complicadísimo proceso de expropiar y demoler inmuebles existentes para poder crear nuevos espacios recreacionales, y la gran pregunta que surge es ¿de dónde, si no así, sacamos espacio en nuestras ya saturadas ciudades para hacer parques o plazas nuevas?

Terreno baldío

Foto: Atenistas.

Una alternativa que ha ganado popularidad en Latinoamérica en la última década es la reconversión de espacios sub-utilizados o incluso en desuso en áreas recreacionales. Los parques de bolsillo son una propuesta innovadora que propone la generación de espacios públicos a partir del reciclaje de remanentes de ciudad que usualmente son relativamente pequeños y se encuentran en terrenos abandonados, en mal estado, o incluso incómodamente ubicados en la trama urbana. 

El origen de estos parques de bolsillo se puede rastrear hasta la década de los 60 en Harlem, Nueva York. Francesco Armato relata que en 1964, dos organizaciones llamadas La Comunidad de la Iglesia de Cristo en Harlem y La Asociación de Parque, colaboraron con los vecinos de la zona para equipar un pequeño y delgado lote, propiedad de la iglesia, ubicado entre un par de edificios con el fin de promover el encuentro y apoyar a reconstruir moral y económicamente a esa comunidad durante tiempos difíciles.

Enfocados en la proximidad

Diferentes ciudades y organizaciones han establecido sus propias definiciones de parques de bolsillo para garantizar que puedan ser regulados y reproducidos ordenadamente. De hecho, mi primera introducción a esta idea fue en 2012 cuando una de las alcaldías de Caracas inició un proyecto para ejecutar varios de estos espacios en un municipio, y aún ahí habían bastantes diferencias entre ellos. En Chile, incluso, se han empezado a institucionalizar y diferenciar las plazas de bolsillo, las cuales siguen el mismo principio pero hacen un énfasis particular en la temporalidad del equipamiento (y el mobiliario) ya que éste podría ser trasladado a otros espacios, una vez se consolida la plaza y se hace permanente.

Parque de bolsillo de TEC Campus Monterrey, México.

A pesar de las diferentes interpretaciones, existen una serie de elementos básicos que son comunes en todas las versiones de los parques de bolsillo:

  • Ubicación: Los parques de bolsillo se caracterizan más que nada por estar emplazados en terrenos baldíos, abandonados, callejones, remanentes viales o espacios similares que, además, son usualmente públicos. 
  • Tamaño: Estos espacios públicos son relativamente pequeños con respecto a los parques y plazas tradicionales. La Asociación de Recreación y Parques Nacionales de los Estados Unidos (NRPA por sus siglas en inglés) estima que el área promedio es de 1000 metros cuadrados, sin embargo, pueden ser mucho más pequeños y ocupar lo mismo que un una sala de una casa o un jardín.
  • Equipamiento: El foco de estos espacios es activar dinámicas urbanas, por lo tanto, el mobiliario debe facilitar las actividades de interacción de su contexto inmediato, ya sea para facilitar reuniones de vecinos y foros en zonas residenciales, bancas y mesas en zonas de oficina que inviten a los trabajadores a hacer vida pública, y/o juegos para niños.
  • Costo: Una de las grandes ventajas de los parques de bolsillo es su posibilidad de ser de bajo presupuesto porque no implican la adquisición de grandes parcelas ni de una gran cantidad de mobiliario.

Sumando de a poco

Tener más y mejores espacios públicos aumenta nuestra calidad de vida dentro de las ciudades, brindando lugares para satisfacer nuestro derecho a la recreación, ya sea en términos de actividad física como los deportes y juegos, o de reposo y contemplación. Cuando estos beneficios dejan de estar únicamente concentrados en algunas pocas parcelas regadas por la ciudad para empezar a formar un sistema de espacios públicos de diferentes escalas que sea accesible para todos los habitantes, se genera un valor agregado adicional.

La proliferación de parques de bolsillo permite que haya más gente conviviendo en el ámbito público a todas horas y en todos los rincones de la ciudad, lo cual está asociado con reducción de índices de violencia e inseguridad porque es menos frecuente que los delincuentes actúen en presencia de muchos testigos. 

Familias haciendo uso de un parque de bolsillo

Foto: José Manuel Guzmán.

Los parques de bolsillo, además, nos ayudan como sociedad a hacer recorridos más humanos y más amigables para el peatón. Nos dan opciones de cómo y dónde pasar nuestro tiempo libre dentro de la ciudad, facilitando el encuentro entre vecinos y promoviendo la construcción de capital social

Las ciudades tienen opciones muy limitadas para generar nuevos espacios públicos recreacionales dentro de la mancha urbana y, en este sentido, los parques de bolsillo son una gran opción para aprovechar hasta la última esquina.

Foto de portada: Alexandra Paty.

Publicado por Andrés Peñaloza en Andrés H. Peñaloza Rengifo, Glosario, Publicaciones, 0 comentarios
Parques inundables: el rol del espacio público en la gestión del agua

Parques inundables: el rol del espacio público en la gestión del agua

Cerca de la quinta parte de los países del mundo sufrirán problemas relacionados con el acceso al agua en 2040. Pero mientras algunas ciudades con estrés hídrico buscan formas sostenibles de gestionar el preciado recurso, otras experimentan un considerable aumento del nivel del mar y lluvias torrenciales que causan inundaciones. La capacidad de las ciudades de adaptar su infraestructura frente este nuevo contexto parece ir a una velocidad distinta a los cambios asociados al clima, no obstante, algunas iniciativas como los parques y plazas inundables abren una oportunidad para empezar a gestionar de manera sostenible uno de los recursos más importantes para la vida.

Agua. Un recurso esencial

El agua tiene un rol fundamental en la forma en que vivimos la ciudad y disfrutamos los espacios públicos, sin embargo, no es prioridad en los proyectos de diseño urbano que se desarrollan en la mayoría de nuestras ciudades.

Las constantes lluvias y fuertes tormentas que aumentan su intensidad gracias al cambio climático revelan la importancia de considerar el agua en el diseño urbano de forma más elemental. La infraestructura actual de nuestras ciudades no da abasto para sostener los niveles de precipitación a los que son sometidas.

En los últimos años, han ganado mayor interés e importancia prácticas para aprovechar el recurso hídrico de forma más eficiente sin interrumpir su ciclo natural y afectar los ecosistemas asociados a ellos. El Diseño Urbano Sensible al Agua es un modelo de planificación y diseño en el que se considera el ciclo natural del agua como parte de la dinámica del espacio urbano. Este concepto incluye una amplia gama de estrategias para la captura de aguas de lluvia, entre las que se encuentran los parques y espacios públicos inundables.

Los parques y plazas inundables se diferencian de otros espacios públicos en que están diseñados para ser inundados y aprovechar de forma más eficiente la cantidad de agua que reciben. Se transforma el problema en una oportunidad. Estos ayudan a mitigar el riesgo asociado a eventos hidrometeorológicos, a disminuir la contaminación de los cuerpos de agua y a reducir la escasez del recurso. Son una alternativa eficiente y sustentable para la ciudad, que integra los procesos naturales y ayuda a mantener el equilibrio que usualmente se ve afectado por el desarrollo urbano.

Inundaciones Mumbai

Inundaciones Mumbai, India – Julio 2019. Foto: Indranil Mukherjee / Agence France Presse – Getty Images.

Mitigación del riesgo

Los parques inundables proponen una nueva aproximación a las medidas de mitigación de riesgo. La interacción permanente entre la infraestructura ‘dura’ o poco permeable y la vegetación y los elementos ambientales, permite que el ciclo del agua funcione de forma más natural.

La mitigación del riesgo es una función fundamental de los parques inundables ya que estos pueden ser una pieza clave en el diseño de sistemas de alerta temprana, planes de evacuación y monitoreo ante posibles inundaciones o ante el aumento del caudal de los ríos.

Los modelos de captura varían dependiendo de las dimensiones y ubicación del espacio, el contexto, la cantidad y tipo de agua que reciben. Un beneficio de este modelo es que los parques inundables contribuyen en la reducción de costos de mantenimiento reciclando el agua de lluvia y permitiendo el flujo natural de los cursos de agua. Este aspecto también contribuye a reducir el calor en las ciudades y a aumentar el confort de los espacios públicos.

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Capturar y administrar el agua

Para almacenar el agua, estos espacios públicos requieren de grandes depósitos subterráneos que deben ser considerados y cuidadosamente estudiados durante el proceso de diseño y construcción, ya que en la mayoría de los casos es necesaria una intervención espacial significativa para la instalación de estas estructuras.

Los grandes tanques y depósitos guardan el agua que luego es reutilizada para el riego de plantas durante la época de sequía. En temporada de lluvia, los tanques y depósitos ayudan a drenar el agua en cantidades más controladas a través de los sistemas de drenaje formal de la ciudad, una vez que las lluvias han cesado. Todo esto es posible gracias a un sistema de válvulas. La tecnología puede contribuir también en la medición de los niveles de precipitación y acumulación de agua, aportando así un factor de inteligencia en la gestión de estos espacios.

Repensando espacios adaptables

El modelo de parques y plazas inundables es un referente innovador para el desarrollo de espacios públicos a lo largo de ríos y quebradas urbanas, especialmente en zonas con constantes eventos de precipitaciones e inundaciones, ya que ayudan a preservar la infraestructura y edificaciones cercanas reteniendo parte del agua que se acumula o, redirigiéndola estratégicamente a su cauce natural. Además, estos espacios contribuyen a proteger las fajas de los cauces de la expansión urbana y los asentamientos irregulares, integrándola también al sistema de espacios públicos de la ciudad y evitando que se conviertan en vertederos clandestinos o microbasurales.

El parque inundable La Marjal (San Juan, Alicante) es un referente importante sobre la adaptación de las ciudades al cambio climático. Esta infraestructura es capaz de retener hasta 45.000 metros cúbicos frente a una lluvia de alta intensidad, y posteriormente, derivar el caudal a la red de drenaje o a la depuradora para su reutilización. Asimismo, en tiempo de sequía, se utiliza como zona recreativa dotando de un valor social añadido a la función hidráulica. Para retener esta cantidad de agua de lluvia, el parque inundable cuenta con un vaso retenedor formado por un estanque que almacena habitualmente 6.674 metros cúbicos de agua regenerada procedente de las depuradoras de Alicante. Durante la lluvia, se inunda la zona de vegetación de la ribera adyacente hasta alcanzar su capacidad máxima.

Esta práctica no solo se ha desarrollado en contextos con precipitaciones frecuentes, sino también en ciudades con alto riesgo a quedarse sin fuentes naturales de agua. Tal es el caso de Santiago de Chile, una de las ciudades con los niveles más altos de estrés hídrico según un reciente reporte de las Naciones Unidas, donde se construye actualmente el Parque Inundable Víctor Jara o Zanjón de la Aguada.

Este espacio será el primer parque inundable de la ciudad. Una obra que en 2021 sumará 41 hectáreas de áreas verdes y espacios públicos a la capital. La vegetación actuará como una esponja, siendo capaz de retener una crecida de agua superior al nivel alcanzado de los que se tiene registro en los últimos 100 años. El Parque Inundable Víctor Jara aún se encuentra en etapa de construcción; conectará a 9 municipios y recibirá aguas de lluvias de 21 localidades diferentes.

Parque Inundable Víctor Jara

Parque Inundable Víctor Jara o Zanjón de la Agua, Santiago, Chile. Foto: Diseño Arquitectura.

Nuevas formas de proyectar y disfrutar el espacio público

Los parques inundables requieren de la conceptualización y diseño de espacios, equipamientos e infraestructura de forma creativa para aprovechar y dirigir el agua hacia el destino deseado. La principal aliada en este concepto es la gravedad. Un diseño que incluya desniveles que ayuden a transportar el agua hacia los lugares realmente inundables y de depósito es indispensable. Los parques inundables parten de un entendimiento tridimensional del espacio público, donde estos no son únicamente un plano horizontal en el espacio urbano, sino que cuentan con una serie de capas y niveles que pueden ser aprovechados para diferentes actividades.

El Parque Centenario de la Universidad de Chulalongkorn es un buen ejemplo de cómo el diseño inclinado del espacio colabora con la captura de agua. Bangkok es una ciudad que siempre ha tenido una relación muy estrecha con el agua. Sin embargo, el desarrollo urbano acelerado ha cubierto muchos de sus humedales y espacios vegetales con concreto, afectando drásticamente la forma en la que el agua fluye en la ciudad.

A través de un diseño de superficie inclinada donde predomina la vegetación local en un área total de 11 hectáreas -aproximadamente 11 campos de fútbol-, el Parque Centenario de la Universidad de Chulalongkorn sirve como un oasis en el medio del cemento y concreto que caracterizan a la ciudad de Bangkok. Inaugurado en 2017, sus grandes extensiones de vegetación, infraestructura, diseño y materialidad capturan el agua de lluvia y permiten almacenar hasta casi un millón de galones de agua que fluyen desde las calles cercanas a través de caminerías verdes y ciclovías. Esto ha ayudado a reducir el riesgo de inundación en las zonas aledañas y los niveles de calor generados por la actividad urbana.

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Otro referente significativo de este modelo es el Water Square Benthemplein en Rotterdam, donde las edificaciones que rodean la plaza recogen agua a través de una variedad de mecanismos de captura de lluvia que luego fluye hacia la plaza y los jardines que la conforman. Las caminerías y vías cercanas también tienen un rol fundamental, dirigiendo el agua que reciben hacia el parque a través de leves pendientes y canales superficiales. Con la acumulación del agua, los espacios duros de la plaza que se encuentran a desnivel, como la cancha y el anfiteatro, se llenan de agua y se transforman en lagunas que se integran espacial y funcionalmente con la dinámica y el mobiliario presente para ofrecer una segunda identidad al espacio público.

Después de su inauguración en 2013, Water Square Benthemplein se ha convertido en un símbolo del sector. Antes era un espacio residual entre edificaciones; ahora ofrece la oportunidad de aprovechar y disfrutar la ciudad de forma creativa, atrayendo turistas y personas interesadas en conocer el modelo.

Water Square Benthemplein

Fotos: Rotterdam Center for Resilient Delta Cities (izq) / Urbanisten (der).

Más beneficios implican mayor complejidad

Desafíos técnicos

Los elementos descritos aportan en la mitigación del riesgo, la reutilización del agua y el desarrollo sostenible de espacios públicos pero, mientras las lluvias aumenten de intensidad, la aplicación de estos mecanismos por sí solos será insuficiente. Además de ser extremadamente locales, los parques inundables tienen una capacidad límite de acumulación de agua. Por ello es importante elaborar estudios geotécnicos y de estabilidad y composición del suelo para asegurar que la construcción de un parque inundable no generará inconvenientes no previstos, bien sea por su peso o por la absorción de aguas subterráneas que comprometan la infraestructura y espacios de depósito.

Muchas firmas de arquitectura se han especializado en el diseño de edificaciones -viviendas, edificios de oficina y centros comerciales- que aprovechan el agua de lluvia dentro de sus propuestas, o que consideran crecidas de ríos como factores determinantes. A pesar de que el movimiento parece menos notorio en el ámbito de los espacios públicos, hay muchísimos referentes que pueden ser estudiados.

En el 2017, la Asociación Americana de Planificadores (EEUU) publicó una guía sobre los elementos indispensables para el aprovechamiento de aguas residuales y de lluvia de forma más práctica en espacios públicos. La guía hace una revisión general de los elementos relacionados a la implementación de diferentes prácticas, así como sus beneficios y niveles de complejidad.

Desafíos institucionales

Un factor importante es la coordinación entre diversos actores. Municipalidades, constructoras, técnicos, operadoras de servicios públicos (principalmente de agua), vecinos e instituciones relevantes deben ponerse de acuerdo, no solo para la ejecución sino también para la administración y mantenimiento de estos espacios.

Un aspecto fundamental en la gestión y mantenimiento es el financiamiento. La guía de la Asociación Americana de Planificadores (EEUU) plantea que el periodo de retorno de la inversión en este tipo de parques puede ser de hasta 15 años, además de la reducción de costos asociada a las pérdidas materiales y mantenimiento de la infraestructura debido a inundaciones que varían dependiendo del contexto urbano y los niveles de precipitación anual del lugar.

La OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) seleccionó el parque inundable La Marjal (San Juan, Alicante) como ejemplo de buena gobernanza en las ciudades.  Esta obra pionera en Europa es promovida por Aguas de Alicante y el Ayuntamiento de Alicante y fue inaugurada en 2015 para dar solución a los problemas de las inundaciones.

Parte de un plan mayor

Muchos de estos parques o intervenciones aparentemente aisladas de captura de agua están enmarcados en planes de macro de resiliencia y adaptación al cambio climático de las ciudades, como es el caso de Copenhague. El Enghaveparken es un parque propuesto para esta ciudad que pretende ser un espacio de encuentro en la temporada de sequía, pero que tiene la capacidad de recolectar hasta  24.000 metros cúbicos de agua de lluvia. Este parque, así como muchas otras prácticas e iniciativas propuestas para la ciudad escandinava, forma parte de un conglomerado de acciones para mitigar el riesgo y adaptar el estilo de vida de los ciudadanos a la intensificación de los eventos climáticos.

Es necesario diseñar estrategias de aprovechamiento de agua en las ciudades para reducir considerablemente los impactos negativos de las lluvias. Planes extensivos y políticas claras de adaptación al cambio climático que contemplen todas las variables posibles, desde detalles constructivos de las edificaciones, hasta la diversidad de funciones de los espacios públicos son cada vez más necesarios.

Foto de portada: World Landscape Architect.

Publicado por Transecto Urbanismo en Adonay Perrozzi Paladino, Colaboraciones, Nikolai Elneser Montiel, Publicaciones, Revisión, 0 comentarios
Vancouver, los opioides y la deformación de una de las mejores ciudades del mundo

Vancouver, los opioides y la deformación de una de las mejores ciudades del mundo

¿Qué cosas pensarías que pueden definir la dinámica de una ciudad? Quizás un proyecto de renovación urbana, una política habitacional, o incluso la liberación de impuestos para la construcción en una zona. Pues en el caso de Vancouver, Canadá, uno de los principales elementos que ha definido la dinámica del centro de la ciudad en la última década ha sido la presencia de los opioides y las personas que sufren de adicción a ellos.

Vancouver es una ciudad reconocida mundialmente por sus altos índices de calidad de vida, buen clima (para los estándares canadienses), y el gran componente ecológico de sus políticas. El diseño y conformación de su estructura urbana, así como la distribución de las actividades sobre su territorio hacen que se sienta como una ciudad muy compacta, con un centro claramente definido por sus grandes edificios con fachadas de vidrio y dinámica urbana propia. Sin embargo, poco se habla internacionalmente sobre lo que sucede al Este de dicha zona. 

¿Qué pasa en Vancouver?

Desde hace varios años, las principales ciudades del llamado Pacífico Noroeste de Norteamérica, a saber, Seattle, Portland y Vancouver han presenciado un alarmante incremento en el uso de opioides legales e ilegales, creando una epidemia de addición a dichas drogas que, sumada a los todavía existentes rastros de la crisis económica del 2008 y a los altos costos de la vivienda, han terminado de dar forma a un círculo vicioso de indigencia sin precedentes.

En el caso de Vancouver, la ciudad fue declarada en estado de emergencia de salud el 14 de abril de 2016 debido al alto número de casos de sobredosis por opioides. Desde entonces, el gobierno de la ciudad ha implementado varios planes, junto a otras organizaciones, para brindar asistencia a estas personas adictas, pero no sin evitar controversias. El Plan de inyecciones seguras e intercambio de agujas es uno de los proyectos más polémicos de la región. En pocas palabras, el plan ofrece acceso controlado (pero acceso al fin) a hasta 5 dosis de heroína o hidromorfona en un lugar seguro e higiénico a fin de reducir el riesgo de sobredosis y transferencia de enfermedades. Además ataca directamente al mercado negro de estas drogas ya que se ofrecen a un costo mucho más bajo. 

Y ¿esto cómo afecta a la ciudad?

Todos los lugares donde se ofrece este servicio se encuentran ubicados en la misma zona: al Este del centro de la ciudad. 

El área donde se concentran la mayor parte de los atendidos por este programa, que en su mayoría se encuentran en estado de indigencia, coincide en cierta medida con Gastown, una de las zonas con mayor atractivo turístico de toda la ciudad. En ésta se pueden ver algunos de los edificios más emblemáticos de la época industrial de Vancouver, con una mayor influencia europea, y en donde se presentan algunos de los hitos más populares de la ciudad como el famoso Steam Clock (Reloj de vapor).

A través de Google Maps podemos navegar los alrededores del Parque Oppenheimer en el que acampa una gran cantidad de personas en situación de calle. También se pueden ver personas haciendo colas para acceder a los servicios mencionados.

Conforme esta crisis ha empeorado, más y más personas adictas a los opioides y en estado de indigencia se han ido apropiando de los alrededores de esta zona, convirtiéndola poco a poco en un antro en el que ilegalmente se comercializa, distribuye, y administran drogas en la vía pública. 

Para los vancouverinos, Gastown y sus alrededores se han convertido en una zona a evitar en la medida de lo posible. Para los dueños de tiendas y cafés, cada vez es más complicado prosperar en un entorno tan desfavorable. Para los turistas que llegan a esta zona (y los inmigrantes -como en mi caso-) no es sólo un obstáculo o un elemento que evitar dentro de la ciudad. Es un gran shock.

Quienes recién llegamos a Vancouver, ya sea de turismo o a buscar una nueva vida, probablemente nunca imaginamos caminar por el lujoso centro de la ciudad, lleno de torres de cristal y autos de lujo y en cuestión de cuadras, conseguirnos personas desmayadas en aceras repletas de excremento humano, o grupos de personas inyectándose heroína justo en frente del café donde ibas a reunirte a merendar. Luego de enfrentarse a estas imágenes por primera vez, son pocas las ganas de volver a caminar por esta zona. Así comienza un ciclo vicioso muy complejo en el que la apropiación del espacio por estos individuos deteriora la calidad del espacio urbano rápidamente, y su condición de adicción perjudica la alta sensación de seguridad presente en el resto de la ciudad. Ello trae consigo que menos personas circulen por esta zona, que a su vez hace que cada vez sea menos el interés en recuperarla.

Desde antes del 2010 la calle Hastings concentra una gran cantidad de personas en situación de calle.

Foto: Clent Mann.

El gran reto de Vancouver

Para el gobierno de Vancouver, el gran reto no será limpiar las calles, o incluso mejorar la seguridad en el área para que las personas se sientan más seguras. Con una buena gestión del presupuesto se puede lograr. El gran reto no será ayudar a las tiendas y demás negocios con cuentas en rojo debido a la falta de clientes. Para eso hay incentivos fiscales.

El gran reto al que se enfrenta el gobierno de Vancouver es comprender las razones por las que esta situación se originó en primer lugar. Y no hablo sobre la existencia de una epidemia de opioides, sobre la cual un gobierno local tiene poco que hacer al respecto. Hablo del reto de comprender cómo todas las políticas que implementa el gobierno de la ciudad tienen un impacto visible en el corto o largo plazo sobre las dinámicas y nuestra percepción de la misma.

En el caso de Vancouver, una política asistencial con la cual se buscaba reducir los índices de transmisión de enfermedades y de fatalidades por sobredosis, resultó en algo parecido a un quiste urbano que ya va tomando forma de tumor muy cerca del corazón de la ciudad, por no pensar en las consecuencias espaciales que vendrían con su implementación. Vancouver se enfrenta ahora a la necesidad de recuperar una de las zonas más importantes de la ciudad para todos sus habitantes, sin dejar de prestar asistencia a quienes la están recibiendo hoy en día. Esperemos que esta vez sí consideren las consecuencias urbanas que pueda tener esta nueva solución.

Foto de portada: The Scout Vancouver.

Publicado por Andrés Peñaloza en Andrés H. Peñaloza Rengifo, Dibujos libres, Publicaciones
Pasos bajo nivel como espacios de integración urbana

Pasos bajo nivel como espacios de integración urbana

El movimiento moderno y el boom por el cemento dotaron a nuestras ciudades de kilómetros de infraestructura elevada: puentes, autopistas, rampas, vías de tren y metro, etc. Construidas para servir principalmente al automóvil y sistemas de transporte público, originaron simultáneamente una serie de pasos subterráneos vacíos, peligrosos y prácticamente inutilizables. Revisamos algunos referentes de la práctica que busca rescatarlos y aportar más y mejores espacios públicos para la ciudad.

Espacios urbanos desaprovechados

En los últimos años ha cobrado fuerza el movimiento Rails to Trails basado en la recuperación de espacios abandonados en las ciudades. En el 2009, el Highline Park en Nueva York -2.5 kilómetros de recorrido de vías elevadas de tren que fueron transformadas en un parque- se convirtió en un símbolo importante para este movimiento. A partir de allí, muchas han sido las iniciativas para recuperar lugares que eran considerados residuales y aprovecharlos como espacios públicos.

Bien sea un puente, elevado, línea de metro o un pequeño túnel bajo una autopista, todos pasamos casi de forma diaria bajo algún tipo de infraestructura o vía elevada en las ciudades. En muchos casos, estos espacios son percibidos de forma negativa. Oscuros y solitarios, transitarlos no es necesariamente una experiencia agradable.

El anhelo de muchas ciudades por tener más y mejores espacios públicos y la necesidad de aprovechar terrenos disponibles para brindar múltiples y diversos lugares de encuentro en la ciudad, han propiciado nuevas formas de percibir estas cicatrices urbanas generadas por obras de infraestructura vial. En este sentido, diversas ciudades han optado por transformar los espacios bajo vías elevadas en espacios públicos. 

Un desafío con muchas aproximaciones

Imaginar estos lugares como espacios públicos supone una nueva serie de oportunidades y retos. Por ejemplo, una ventaja de estos espacios es la sombra que genera la infraestructura elevada, influyendo en el confort de los usuarios y transeúntes. Sin embargo, estas oportunidades están determinadas por el tipo de estructura que conforma el espacio y el uso de suelo alrededor. Tal es el caso de los puentes y autopistas, estructuras de trenes elevadas y puentes peatonales, o si se encuentran en un sector netamente residencial, industrial o de usos mixtos. Todas estas variables son determinantes de las posibles estrategias de intervención.

El Departamento de Transporte de Nueva York, a través de su proyecto Under the Elevated, elaboró una clasificación de estos espacios basada en morfología, tipo de infraestructura que los conforma y relación de esa infraestructura con el suelo, resultando en siete diferentes tipologías aplicables para esa ciudad. Este esfuerzo es indispensable para entender las oportunidades y retos que conlleva un proyecto de esta naturaleza.

Tipologías de infraestructura elevada. Foto: Under the elevated, New York.

Por ejemplo, las autopistas y puentes pueden ser estructuras de gran altura, macizas y robustas de concreto, o esbeltas con gran entramado estructural de metal. Por otra parte, los distribuidores de autopistas y anclajes de los puentes generan espacios muy distantes de las dinámicas peatonales urbanas.

Las vías de trenes elevados suelen tener una altura accesible para peatones, su tectónica varía dependiendo de la época y tecnología. Por su cercanía al entramado urbano residencial en algunas ciudades, pueden generar un impacto sonoro y de sombra considerable en la experiencia peatonal que se da bajo estas estructuras.

Así mismo, la morfología de estos espacios residuales establece uno de los mayores retos y consideraciones. Existen lineales a lo largo de las vías elevadas, otros que solo funcionan como punto de cruce entre los dos lados de la infraestructura, y otros de mayor escala donde las posibilidades de intervención son mayores. 

En el caso del parque The Underline en Miami, un gran proyecto de parque lineal de 16 kilómetros bajo una línea de tren, la gran extensión disponible permite conectar distintas partes de la ciudad, brindando la oportunidad de generar un nuevo eje urbano que integre la movilidad y el espacio público aprovechando la sombra generada por la infraestructura elevada. En otros ejemplos, como The Bentway en Toronto, una gran agenda cultural ha sido clave para la reactivación de estos espacios. The Bentway cumple un rol fundamental para la cohesión social debido a la versatilidad del espacio residual bajo esta autopista que atraviesa la ciudad.

Sean parques lineales, skateparks, pequeñas plazas, clases de yoga, ferias, exposiciones de arte urbano, o cualquier otra actividad o programa que se quiera generar, los proyectos existentes cuentan con al menos uno de los siguientes componentes:

  1. La generación de nuevos ejes o conexiones en la ciudad;
  2. La dotación de nuevas ofertas de programas culturales, gastronómicos u oferta económica; 
  3. La recuperación y aprovechamiento de los activos ambientales de una zona de la ciudad.

La doble vida de los pasos bajo nivel

No podemos olvidar que estos nuevos espacios públicos reposan debajo de una infraestructura viva, que funciona y sirve a la ciudad de alguna forma. Se vuelve entonces esencial el establecimiento de una sinergia entre las actividades o usos que se quieren potenciar y las necesidades propias de mantenimiento de la infraestructura elevada.

Por eso es importante considerar algunos efectos o condiciones inherentes de estos espacios como el ruido, sombra y humedad dentro del proceso de diseño, que muchas veces pueden estar relacionados al estado de mantenimiento de la infraestructura. Cualquier proyecto de esta naturaleza debe contemplar una inversión en este sentido para asegurar un espacio público de calidad.

Accesibilidad como requisito

Algunos espacios residuales bajo autopistas urbanas están integrados con la trama urbana, mientras que otros se encuentran aislados. Por ejemplo, espacios bajo avenidas de alto flujo suelen contar con mayor accesibilidad que los espacios bajo los distribuidores de grandes autopistas urbanas.

En el caso de los distribuidores, las vías de alta velocidad hacen de barreras que limitan el acceso peatonal, convirtiendo estos lugares en zonas casi inexploradas. Por esta razón, asegurar la efectiva accesibilidad y conectividad con el entramado urbano existente es indispensable para su uso. Esto no es posible en absolutamente todos los espacios, pero diversas estrategias de reducción de velocidad en algunos corredores y la intervención de las zonas aledañas pueden ayudar a preparar el terreno para la intervención.

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¿Quién toma las decisiones?

El rescate, acondicionamiento y gestión de proyectos para estos espacios residuales está intrínsecamente relacionado con la administración y propiedad del suelo y de la infraestructura que lo conforma. Sin embargo, la colaboración entre gobiernos e instituciones a diferentes niveles suele ser compleja. 

Generalmente, los gobiernos locales tienen las competencias sobre la determinación de los usos del suelo, pero no necesariamente la propiedad de la infraestructura. La tutela de estos espacios suele recaer en gobiernos regionales, nacionales, o incluso organismos autónomos. Acortar esta brecha que separa las instituciones no es un reto menor.

Las metas, visiones, e incluso los presupuestos de estos organismos gubernamentales no están alineados. Esto dificulta el establecimiento de acuerdos políticos, legales y administrativos que permitan generar proyectos en conjunto a largo plazo.

Además, la definición de protocolos de seguridad y normativas para el mantenimiento de la infraestructura es también un aspecto a resolver. Pero quizás un tema más controversial en este proceso es la decisión de quién financia y cómo pueden ser pensados estos espacios para generar ingresos. 

Una de las principales fuentes de dinero de los organismos gubernamentales son los impuestos, y en vista de que el acondicionamiento de estos espacios supone la ampliación de la cartera de oportunidades de alquiler para eventos en la ciudad, todos los involucrados buscarán obtener el mayor beneficio posible de estas actividades, por lo cual, modelos claros de gestión deben ser definidos.

Los casos del plan de recuperación de espacios bajo autopistas urbanas en San Francisco, con ingresos estimados de $1 millón al año, y el Westway en Londres con aproximadamente $381 millones recolectados desde los años 80, son algunos ejemplos de proyectos de este tipo con grandes capacidades de generar valor económico para las ciudades.

Símbolos de nuevas conexiones

Cuando las grandes infraestructuras viales atraviesan el tejido urbano, afectando barrios, distritos o zonas importantes de la ciudad, su rescate se vuelve también una estrategia para la equidad urbana, que busca reparar las grietas generadas por los impactos de estas mismas obras.

Más allá del cambio físico, estas intervenciones también pueden contener un valor social y político importante, como es el caso del Chicano Park en San Diego, California. La construcción de autopistas durante los años 60 y 70 afectó gravemente al Barrio Logan, un histórico sector mexicano en San Diego, demoliendo casas y desplazando de manera forzada a parte de su población.

Luego de mucha presión de los residentes, la comunidad, con el apoyo de la ciudad, transformaron el espacio residual bajo la autopista que una vez los dividió en un paseo para mantener viva la memoria y la identidad cultural de Barrio Logan.

Actualmente, Chicano Park está incluido en el Registro de Lugares Históricos de EE. UU. y es utilizado como un espacio para la expresión artística y el activismo político de la comunidad hispana en la ciudad. Es así como el espacio público recuperado puede ser también un símbolo que refuerce los valores de integración y la recuperación de las ciudades  para la gente.

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Siempre hay que pensar dos veces

El techo que aportan estas infraestructuras también ha dado lugar a una serie de actividades bajo ellas. En muchas ciudades, estos espacios son utilizados como refugio por personas en situación de calle. Por ejemplo, en el año 2016, la ciudad de San Francisco invirtió $7.5 millones en limpieza de campamentos y desechos acumulados por habitantes de calle en espacios bajo puentes y autopistas, lo que revela un nivel de uso considerable de estos lugares.

Al transformar y recuperar estos espacios para un aprovechamiento diferente, se puede desplazar una comunidad que se ve beneficiada por su naturaleza de aparente abandono. Así mismo, muchos de estos espacios son utilizados como depósito de material o estacionamiento para unidades de servicio público, de modo que es importante analizar detalladamente las externalidades que puedan surgir al intervenir.

Un paso a la vez

Todos estos proyectos plantean nuevas interrogantes sobre el rol y la función de estas infraestructuras, de obras que más allá de solo facilitar el transporte o prestación de servicios, brinden también una oportunidad diferente de encuentro a los ciudadanos otorgando un nuevo espacio para el disfrute de la ciudad.

La recuperación de estos espacios no elimina completamente la barrera definida por la autopista o infraestructura vial, solo abre un canal que comunica ambos lados. No reemplaza la idea de enterrar las autopistas como ha sido el caso en muchas ciudades del mundo, pero representa una oportunidad de recuperar parte de lo que se perdió con menos inversión y tiempo, de modo que las autoridades locales puedan experimentar y brindar soluciones para aliviar ciertas necesidades de manera más rápida.

En muchas ciudades de Latinoamérica hay ejemplos de este tipo de acciones, algunos ya construidos, otros en proyecto. Sin embargo, la posibilidad de imaginar la ciudad de forma diferente y no dar estos espacios como perdidos permite redibujar el esquema de flujos de la ciudad, abriendo oportunidades para el encuentro entre las barreras generadas por las grandes obras de infraestructura.

Foto de portada: Landezine-award.

Publicado por Transecto Urbanismo en Adonay Perrozzi Paladino, Alexandra Paty Díaz, Andrés H. Peñaloza Rengifo, Colaboraciones, José Manuel Guzmán, Nikolai Elneser Montiel, Revisión
Agua y ciudad: 6 casos sobre riberas urbanas

Agua y ciudad: 6 casos sobre riberas urbanas

En muchas de nuestras ciudades los cuerpos de agua se han convertido en auténticas fronteras que limitan y dividen la estructura urbana. Observamos frecuentemente que las edificaciones le dan la espalda a los ríos por considerar que se encuentran contaminados, deteriorados o porque dificultan la relación e interconexión espacial. Pero el agua no solo condiciona la forma y organización de nuestra ciudad, sino que tiene la facultad de vincularnos y conectarnos de manera espacial, cultural, social y simbólica.

El rescate e intervención de los cuerpos de agua insertos dentro de las ciudades cobró fuerza en la década de los 80’s. No obstante, en los 60’s se impulsaron algunas iniciativas encaminadas a la recuperación de ríos urbanos como el Támesis en Londres y el Sena en París.

Los antecedentes internacionales han servido como ejemplo para muchas otras ciudades en el resto del mundo que han impulsado el uso de las riberas como espacios públicos dadas sus bondades paisajísticas. Presentamos algunos casos:

Parques del Río Medellín – Medellín, Colombia 

Conforme crecía Medellín, los márgenes del río homónimo se convirtieron en autopistas que fracturaron la ciudad. En el 2013 la Alcaldía de Medellín, la Empresa de Desarrollo Urbano (EDU) y la Sociedad Colombiana de Arquitectos convocaron a un Concurso Público Internacional con el objetivo de seleccionar un proyecto que integrara el río a la ciudad metropolitana, favoreciendo la creación de espacios públicos y reorganizando la infraestructura vial que ocupaba la ribera del río.

Parques del Río Medellín, nombre del proyecto, inició su construcción en el año 2015 y consta de 5 etapas para conectar la ciudad a través de más espacios públicos y áreas verdes, vías y ciclorutas para garantizar una movilidad eficiente y sostenible y nuevos equipamientos. El proyecto ha obtenido el reconocimiento de múltiples premios internacionales.

Hasta el momento se han acondicionado 145.181 m2 de espacios públicos, entre los que destacan: 22.765 m2 de áreas verdes, 200 m2 de ciclorrutas, 45 cicloparqueaderos y un soterrado de 392 metros de longitud con siete carriles. La siguiente etapa, actualmente en construcción, brindará 177.500 m2 de espacios públicos adicionales, una vía soterrada de 460 metros de longitud con seis carriles para vehículos y una vía férrea por la que transitará el tren de cercanías del valle de Aburrá.

Parques del Río Medellín

Foto: Argos Colombia.

Río Mapocho – Santiago de Chile

El Río Mapocho, con una longitud de 110 kms, recorre dieciséis municipios de la Región Metropolitana de Santiago. En el 2010, a raíz del proyecto “Mapocho Urbano Limpio”, se inició un proceso de descontaminación de sus aguas. 

El río cuenta con diversos parques urbanos a lo largo de su cauce y numerosos puentes que permiten la conexión norte-sur de la ciudad. Diversas actividades se desarrollan en este afluente, entre las que destacan la carrera Mapocho Río Arriba, el proyecto Museo Arte de Luz que proyecta obras de arte en el lecho de río y el Festival La Puerta del Sur en el que artistas nacionales y extranjeros pintan murales en las murallas que lo encauzan.

Uno de los proyectos más relevantes para el mejoramiento de los espacios en torno al río es el “Cicloparque Mapocho 42K” que consiste en acondicionar la ribera sur como la columna vertebral ciclista de la capital. Se pretende conectar a ocho municipios a través de 42 km de ciclovías, la cual atravesará los parques existentes en el borde del río. En el 2016 se inauguró un tramo de 2km.

Otra iniciativa de interés es el “Paseo Urbano Fluvial Río Mapocho” que contempla la construcción de un espacio recreacional de 4,3 km en el lecho del río, conectando dos municipios de la ciudad. De hecho, en los últimos años se ha acondicionado este tramo y los ciclistas, en los meses de verano cuando el caudal es bajo, circulan por esta senda pavimentada.

Río Mapocho

Actividad «Mapocho Pedaleable». Foto: Adonay Perrozzi.

Savannah Riverfront – Savannah, Estados Unidos 

El centro de la ciudad de Savannah se extiende a lo largo de la ribera sur del río con el mismo nombre, al este del estado de Georgia en Estados Unidos. Hoteles, comercios, edificaciones gubernamentales y sitios históricos mantienen viva la zona, principalmente en River Street, que cuenta con un paseo de 1.2 kilómetros a lo largo del río.

Desde el paseo se puede tomar un servicio gratuito de transporte en bote que cuenta con paradas en los dos extremos de la ribera sur y cruza el río hasta la isla Hutchinson, del lado norte. Si bien la isla solo cuenta con usos industriales, ya que allí se encontraba el puerto original de Savannah, actualmente se emplaza el centro de convenciones de la ciudad y un hotel con campos de golf.

A pesar del valor estético y la presencia de comercios y actividades turísticas, las continuidades visuales del paseo se ven parcialmente interrumpidas por dos grandes hoteles que son discordantes con la identidad del lugar. Cuatro espacios para estacionamientos generan un efecto similar en la circulación, irrumpen brevemente el recorrido al lado del río y afectan la imagen de las fachadas antiguas desde la perspectiva de los botes de paseo.

Actualmente se están ejecutando dos proyectos de expansión, uno de 400 metros hacia el este y otro de 600 metros hacia el oeste. Con esto, la ciudad busca aprovechar aún más el atractivo del río Savannah con desarrollos mixtos de comercio y vivienda.

Savannah Riverfront

Foto: Nikolai Elneser.

Seawall – Vancouver, Canadá 

Vancouver es una ciudad peninsular, rodeada de agua por el Norte, Sur, y Oeste. A lo largo de su frente costero hay varias playas y parques vecinales, cada uno con un carácter único: algunos más orientados a los deportes con canchas de volleyball de arena (entre otras), otros de descanso, con mesas y mayor presencia de comercios. También se observan múltiples bahías y muelles a los que arriban ferrys (integrados al sistema de transporte público multimodal de la ciudad), botes y lanchas privadas.

 El Seawall de Vancouver es una muralla pavimentada que recorre todo el perímetro del Stanley Park. Inició su construcción en 1917 y se completó oficialmente en septiembre de 1980. Dicho proceso de ejecución fue intermitente por los desafíos que supuso el financiamiento del proyecto a corto y mediano plazo por parte del gobierno local y federal. 

El Seawall contempla un circuito peatonal y ciclista que conecta las áreas recreacionales del borde costero con un recorrido ininterrumpido de aproximadamente 22 Km. Una de sus secciones más emblemáticas, y que aún sigue en proceso de renovación/recuperación, es el frente marino alrededor del Stanley Park, en donde la topografía e interacción con el mar han representado un gran impedimento a sortear para poder proporcionar un recorrido con calidad espacial apropiada.

El proyecto no ha estado exento de desafíos dado que a lo largo de los años se ha debatido sobre su uso, especialmente en cuanto a la dinámica entre peatones, ciclistas, patinadores y skaters. Diversas medidas se han tomado en las últimas décadas para asegurar la convivencia armoniosa de todos los grupos que utilizan este espacio.

Seawall Vancouver

Foto: Stephen Hui.

Arroyo Cheonggyecheon – Seúl, Corea del Sur 

En el 2008 se inauguró la recuperación del arroyo Cheonggyecheon en el centro de la ciudad de Seúl, Corea del Sur, convirtiéndose rápidamente en uno de los proyectos de restauración más importantes del mundo. Este proyecto fue en parte el resultado de una visión política para recuperar el valor ecológico del centro de Seúl y darle un nuevo impulso a la economía local.

La historia del proyecto es de cierta forma el resultado de las transformaciones de la ciudad alrededor del arroyo durante el último siglo. Desde los años 50’s hasta finales de los 70’s, se desarrollaron grandes obras de infraestructura para cubrir el arroyo, como respuesta a los problemas de salubridad existentes, y luego para la construcción de la autopista elevada que permitió, hasta su demolición, el paso de 170.000 vehículos diarios al centro de la ciudad. Sin embargo, la misma autopista fue una de las causas del deterioro del centro de Seúl, produciendo una desmejora de la calidad de vida cerca del arroyo, despoblamiento, pérdida de empleos y competitividad, e incluso de seguridad pública por el mal estado en que se encontraba la autopista.

En la campaña política de Myungbak Lee se estableció el compromiso de recuperar Cheonggyecheon como parte de una visión mayor para revivir el centro de Seúl. Luego de su inauguración, el proyecto ha logrado revitalizar la biodiversidad alrededor del arroyo, reducir la isla de calor, promover el turismo y aumentar el valor del suelo y la actividad económica en la zona. 

La visión detrás de Cheonggyecheon es una gran lección para la innumerable cantidad de ciudades buscando estrategias para revivir sus centros y brindar mejor calidad de vida a sus habitantes. Cursos de agua que fueron alguna vez cubiertos en pos de una idea de desarrollo ahora cuestionada, tienen ahora una segunda oportunidad de redescubrirse.

Arroyo Cheonggyecheon

Foto: Pixabay.

Río Guaire – Caracas, Venezuela

El Guaire, con sus 72 kms de longitud, es el principal afluente del valle de Caracas. Durante el siglo XIX fungía como balneario y vía de comunicación importante para el transporte de mercancías. No obstante, a finales de siglo, el presidente Antonio Guzmán Blanco creó la primera red de alcantarillado de la capital, utilizando El Guaire como receptor y desagüe de las aguas residuales de la ciudad. También se construyó (1875) el primer puente sobre el río que permitió la conexión y crecimiento hacia el sur de la capital, denominado Puente Regeneración y hoy día conocido como Puente Hierro.

El río tiene una trascendencia histórica para Caracas, no solo por ser el afluente más importante de la capital sino porque a principios del siglo XX se aprovechó su potencial hidroeléctrico y se instaló, en la zona de El Encantado, la primera planta hidroeléctrica, convirtiendo a Caracas en la primera ciudad latinoamericana en obtener electricidad generada a distancia.

En 1940 se inició la canalización del río, no obstante, no se generó ningún plan de saneamiento ni reencauce de las aguas servidas que descargaban en este afluente. La contaminación de El Guaire se agravó a medida que crecía la ciudad dado que el uso indiscriminado de este recurso natural como receptor de aguas residuales.

Su situación ecológica derivó en varias promesas para su saneamiento y recuperación por parte del Ejecutivo Nacional. Desde el año 2005 varios millones de dólares se han invertido para el saneamiento del cauce; proceso en el cual han participado también instancias internacionales como la Agencia Canadiense para el Desarrollo Internacional (2006) y el Banco Interamericano de Desarrollo (2012). El poco avance del proyecto en los últimos 15 años evidencia un considerable atraso de la capital caraqueña que en algún momento del siglo XX fue pionera en la modernización de la ciudad latinoamericana. La importancia ecológica y la localización estratégica del río en torno a la trama de la ciudad, ya que puede ser utilizado como el principal espacio público conector de la capital, releva la urgencia de su recuperación en una urbe que está en deuda con la proporción de espacios de calidad en donde desarrollar la vida cívica.

Río Guaire

Foto: Raúl Arcaya.

Foto de portada: Pixabay.

Publicado por Transecto Urbanismo en Adonay Perrozzi Paladino, Andrés H. Peñaloza Rengifo, Colaboraciones, José Manuel Guzmán, Nikolai Elneser Montiel, Publicaciones, Referentes
Cuando el espacio público deja de sentirse como un lugar seguro

Cuando el espacio público deja de sentirse como un lugar seguro

El domingo 4 de agosto fui al cine a ver una película. En la entrada del teatro, unos policías me detuvieron para revisar cuidadosamente mi bolso. A pesar de que esto no es común, tampoco es primera vez que me sucede desde que llegué a Estados Unidos. El día anterior ocurrieron dos tiroteos masivos en ciudades diferentes del país y el policía me comentó que tenían que estar vigilantes para que nada sucediera allí tampoco.

Sólo entre enero y agosto de 2019 se registraron 270 tiroteos masivos en los Estados Unidos – en promedio más de un tiroteo al día – resultando en un total de 288 personas fallecidas y 1.117 heridos.

El trauma y el miedo a salir

Más allá del debate sobre cómo solucionar el problema que tiene este país con el porte de armas y sus efectos, me llamó particularmente la atención cómo estos sucesos influyen en la forma en la que los ciudadanos disfrutan de sus espacios públicos y momentos de ocio. No es normal ir a una sala de cine preocupado porque puede venir alguien y disparar a la multitud.

Hechos así transforman la forma en la que leemos los espacios en los que tradicionalmente nos sentimos seguros y llamamos nuestro hogar. Un par de días después de los tiroteos en El Paso y Dayton, Ohio, el ruido de unas motocicletas en Times Square, uno de los lugares más concurridos por el turismo en Nueva York, generó caos. Las personas que estaban allí corrieron y buscaron refugio en las tiendas cercanas creyendo que se trataba de disparos.

La sensación de refugio

El espacio público es un lugar donde todos nos debemos sentir seguros y bienvenidos. Durante días después de su ocurrencia, los tiroteos masivos corrompen esta percepción en Estados Unidos.

Ante esta constante amenaza, las ciudades han aplicado nuevas e innovadoras formas de vigilancia de los espacios públicos, aumentando el presupuesto para los cuerpos de seguridad y utilizando tecnologías de última generación. Sin embargo, y a pesar de los esfuerzos, es difícil que el público recupere tan rápidamente la confianza de salir a la calle de la misma manera.

Aunque Estados Unidos es único en el caso de los tiroteos masivos, otros países desarrollados se enfrentan también a diferentes tipos de amenazas de este estilo, como es el caso de los ataques terroristas en Europa. A raíz de esto, la Unión Europea ha desarrollado planes de acción para fortalecer la seguridad en los espacios públicos de sus ciudades.

Ciudades blindadas

El diseño de los espacios públicos también se ha convertido en una herramienta para garantizar la seguridad de los ciudadanos. Especialmente después de una serie de atentados terroristas en el año 2017 en Europa, donde transeúntes fueron arrollados por vehículos, y el ataque por grupos extremistas a una protesta en Charlottesville, EEUU, se han multiplicado los ejemplos de mobiliario urbano que cumplen también la función de disminuir la vulnerabilidad de los ciudadanos.

Por ejemplo, la instalación de bolardos removibles y un diseño más seguro de los espacios peatonales en Times Square, Nueva York, ayudó a detener un arrollamiento después de que un conductor se saliera de control en 2017, donde hubo 22 heridos y un fallecido hasta que el vehículo se detuvo al impactar con uno de los bolardos tres cuadras más adelante. Así mismo, en varios lugares turísticos de Europa se han instalado nuevos modelos de barreras que separan a los peatones de los espacios de circulación vehicular. Sin embargo, blindar los espacios públicos no acaba con el problema.

¿Cómo sentirnos seguros?

Nuestra percepción de seguridad tiene un impacto directo en la forma en la que vivimos y aprovechamos los espacios públicos. En contextos donde la violencia es constante, se hace difícil que nos sintamos cómodos en los lugares de encuentro. En países de Latinoamérica, los altos índices de violencia han establecido horas en las que es seguro salir y horas en las que no, las calles están mucho más vacías en ciertos horarios y las oportunidades de encuentro e intercambio se reducen, afectando nuestra calidad de vida.

Estas situaciones tan complejas se suman a la lista de casos en los que queda claro que el urbanismo, por más local que sea la práctica, no escapará de condiciones supralocales como la violencia generalizada que determinan las dinámicas de vida de un país o región, y lo importante que es que estas condiciones sean consideradas en el desarrollo de los proyectos urbanos.

Foto de portada: José Manuel Guzmán.

Publicado por Nikolai Elneser Montiel en Dibujos libres, Nikolai Elneser Montiel, Publicaciones
Cómo la distancia social va condicionando la interacción en espacios públicos de Upper Manhattan

Cómo la distancia social va condicionando la interacción en espacios públicos de Upper Manhattan

La primavera se empieza a asomar en Sugar Hill, entre comercios cerrados y aceras sin caminantes que suelen brindar dinamismo a lo largo de Broadway.

Primeros vestigios de primvaera entre comercios sin clientes

Foto: Alexandra Paty Díaz.

Los pequeños comercios en las plantas bajas de los edificios residenciales en Inwood permanecen cerrados a pesar de estar listados como lugares de primera necesidad.

Pequeños comercios cerrados en zona residencial

Foto: Alexandra Paty Díaz.

Siguen viéndose personas caminando en las aceras de Hudson Heights a pesar de que la mayoría de los negocios no están abiertos. Algunos incluso ocupan la calle para respetar los seis pies (dos metros) de distancia.

Caminantes frente a comercios cerrados

Foto: Alexandra Paty Díaz.

En Hamilton Heights, los delis siguen manteniéndose como lugares de congregación en las aceras, siendo uno de los pocos puntos donde la distancia entre personas no se respeta.

Los delis se convierten en nuevos puntos dinámicos en las aceras

Foto: Alexandra Paty Díaz.

En Inwood, las esquinas de las aceras permiten conversaciones entre conocidos. Pero su limitado espacio también obstaculiza al caminante que debe evadir y ocupar la calle para continuar su camino.

Conversar en la acera se optimiza en las esquinas

Foto: Alexandra Paty Díaz.

Las escaleras de la Catedral de San Juan El Divino en Morningside Heights, donde se suelen ver a fieles congregarse antes de un servicio religioso o un evento musical, así como a estudiantes de la Universidad de Columbia, ahora se ven ocupadas por unos pocos transeúntes que aún las utilizan como espacio público.

El espacio de congregación de la iglesia sin fieles que ocupen su escalera

Foto: Alexandra Paty Díaz.

En las cercanías del Parque Estatal Riverbank, donde cada asiento en primavera suele estar ocupado por múltiples personas, el distanciamiento social se regulariza con solo un usuario o un par por banco, o incluso con un banco de separación.

Distanciamiento social en ejercicio a lo largo del Parque Riverside

Foto: Alexandra Paty Díaz.

Los bancos elevados característicos del Parque Fort Tyron no suelen estar ocupados. Sin embargo, los adolescentes empiezan a ocupar estos espacios públicos respetando la distancia sugerida y aprovechándose de los arbustos para separarse de las personas que transitan  por la caminería principal.

Adolescentes ocupando el espacio público con distancia

Foto: Alexandra Paty Díaz.

El brocal que absorbe el cambio de nivel entre el sendero y el Jardín Heather, se ha convertido en un nuevo lugar contemplativo. Las personas pausan su paseo y en vez de ocupar los usuales bancos, ocupan el brocal distanciados de otros.

Los seis pies son respetados aun ocupando espacios inusuales en el Parque Fort Tyron

Foto: Alexandra Paty Díaz.

Foto de portada: Alexandra Paty Díaz.

Publicado por Alexandra Paty en Alexandra Paty Díaz, Crónicas, Publicaciones
¿Cómo el urbanismo táctico puede apoyar un plan de movilidad? El caso de Comayagua, Honduras

¿Cómo el urbanismo táctico puede apoyar un plan de movilidad? El caso de Comayagua, Honduras

La movilidad como decisión política

Poder transformar la visión de ciudad que se tiene es quizás una de las tareas más complejas desde el punto de vista social y político. En el caso de un Plan de Movilidad, el reto político más importante no es tanto la movilidad, sino tener claridad en el modelo de ciudad que se quiere construir para que la movilidad sirva ese propósito. Lograr estos cambios es particularmente complicado en Latinoamérica, donde es muy común pensar que una ciudad de primer mundo es aquella donde el vehículo particular es el medio más importante para movilizarse y que tener auto propio es representativo del desarrollo.

¿Cómo podemos comunicar una visión?

Los discursos, las imágenes y los mapas pueden ser instrumentos apropiados para comunicar una visión. Sin embargo, poder experimentar una realidad, así sea temporalmente, es una manera clara de mostrar lo que se quiere lograr. En el caso de la movilidad, esto puede ejemplificarse al pilotear una parada de buses o hacer un rediseño temporal de la calle. En este sentido, el propósito de una intervención va más allá de levantar información sobre el impacto de un proyecto, sino también generar la voluntad política y el apoyo social de un proyecto o plan de largo plazo.

El Caso del Plan de Movilidad Urbana Sostenible (PMUS) de Comayagua

Desde hace algunos meses hemos estado desarrollando en Comayagua, Honduras, un PMUS para la ciudad. Este plan, que tiene un horizonte de 10 años, es un proyecto complejo que requiere del análisis de mucha información acerca de cómo se mueven las personas en la ciudad y cómo es la infraestructura de la cual se sirven para satisfacer las necesidades de movilidad de las personas. Aunque es un trabajo relevante y fundamental para una ciudad que pronto contará con un nuevo aeropuerto, es un proceso que es complejo de mostrar, y por ello, es complicado de comunicar.

Para poder resolver este problema, se implementó un proyecto de urbanismo táctico que mostró algunas estrategias de diseño que se están planteando en el PMUS y que permitió levantar datos y opiniones sobre cómo se ve la calle y cómo funciona, desarrollándose esta intervención en el Boulevard IV Centenario frente al Hospital Regional de la ciudad. Asimismo, este proyecto nos permitió acercarnos a muchas personas que nos apoyaron como voluntarios, pero que al mismo tiempo son ciudadanos que viven día a día en Comayagua y son fundamentales para construir esa ciudad deseada.

A partir de este piloto, pudimos generar más espacio para los peatones y usuarios del transporte público, pintamos cruces peatonales, ordenamos las vías y mejoramos la convivencia vial, al mismo tiempo que se habilitó una parada de bus temporal que mejoró el confort en la espera de los buses.

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De lo táctico a lo práctico

Las intervenciones de urbanismo táctico en un proyecto como el PMUS son importantísimas porque permiten mostrar hoy, de forma rápida, barata y ligera, los cambios que queremos lograr en el futuro. Asimismo, permiten generar una masa crítica para empujar los cambios, ayudan a hacer ajustes tempranos a los proyectos finales, y arrojan datos que van informando los procesos de desarrollo del plan.

Aunque este fue el primer proyecto en el marco del Plan de Movilidad, la idea es poder replicar estas intervenciones en otras partes de la ciudad piloteando distintas propuestas y dando una ventana innovadora de participación a los comayaguenses. De esta forma, el urbanismo táctico permite apoyar procesos a largo plazo que van más allá de un Plan de Movilidad y que buscan generar una visión de la ciudad donde las personas, y su movilidad, están en el centro.

Estado original de la calle del proyecto Muévete ComayaguaResultados del proyecto Muévete Comayagua

Fotos: José Manuel Guzmán.

Artículo Original en Ciudad Emergente.

Foto de portada: Ciudad Emergente.

Publicado por José Manuel Guzmán en Dibujos libres, José Manuel Guzmán