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¿La densidad urbana influye en el impacto del coronavirus?

¿La densidad urbana influye en el impacto del coronavirus?

Es válido decir que casi ninguna ciudad en el mundo estaba realmente preparada para contener y protegerse del coronavirus. Sin embargo, el impacto de esta pandemia no ha sido el mismo en todos lados y ante la gran incertidumbre y desconocimiento alrededor de este fenómeno sin precedentes, muchos han acudido a explicaciones que, si bien suenan lógicas a primera vista, no necesariamente revelan la verdad.

El problema de la densidad

En los últimos meses se ha hablado mucho sobre cómo el impacto del coronavirus ha sido peor en las ciudades más densas del mundo. La hipótesis detrás de esto es que mientras más personas hayan concentradas en un mismo territorio, más fácil y rápida es la transmisión del virus. Ciertamente, la forma en la que están diseñados muchos de nuestros espacios comunes, edificios y sistemas de transporte público facilitan la propagación, pues suponen limitantes para mantener distanciamiento físico apropiado para controlar el contagio del virus.

Uno de los voceros más prominentes de este mensaje anti-densidad ha sido el Gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, quien a mediados de Marzo tuiteaba “Hay un nivel de densidad en Nueva York que es destructivo (…) Nueva York tiene que desarrollar un plan para reducir la densidad de inmediato”. Esto ocurría mientras la ciudad de Nueva York superaba la barrera de los 5 mil casos a menos de un mes de reportarse el primero.

Fuente: Twitter Andrew Cuomo.

Esta lógica aplica también a China que, con casi cinco veces la cantidad de residentes de los Estados Unidos (tercer país más poblado del mundo) y cerca del 18% de la población mundial, tiene hasta seis ciudades con más de 10 millones de habitantes. Es fácil asociar la veloz propagación del coronavirus a la gran densidad urbana de un centro industrial como Wuhan. Mucha aglomeración de personas, muchos contagiados, sencillo. Sólo que la evidencia no necesariamente lo respalda.

Revisando la evidencia

Contrario a esta hipótesis, una publicación por parte de investigadores del Banco Mundial reveló que no hay una relación estadísticamente significativa entre los altos niveles de densidad urbana en las grandes ciudades de China y los índices de contagios por cada 10.000 habitantes. Lo mismo pareciera suceder en los Estados Unidos donde, en contraste con Nueva York, la ciudad de San Francisco (segunda más densa de ese país) presentaba menos de 700 casos registrados luego del primer mes.

Visto esto, en Transecto quisimos hacer nuestro propio ejercicio comparativo para identificar alguna relación entre la densidad de las ciudades y las diferentes mediciones del impacto del coronavirus (número de casos totales, casos por cada 100 mil habitantes, tasa de fallecidos). El ejercicio consistió en obtener datos de 15 ciudades que nos permitieran capturar la realidad de múltiples contextos, aplicando estos tres criterios:

  • Considerar diferentes regiones del mundo; 
  • Que presenten un rango de densidades poblacionales diverso;
  • Disponibilidad de reportes del impacto del coronavirus a nivel de ciudad (la más difícil).

Siguiendo este criterio y ordenadas desde la más densa a la menos densa, las ciudades seleccionadas fueron las siguientes: Manila, Mumbai, Nueva York, Puerto Príncipe, París, Lagos, Santiago, Hong Kong, Madrid, Moscú, Bogotá, Oslo, Auckland, Calgary y San José. Cabe destacar que los métodos de medición y análisis de datos en cada país son muy diferentes por lo que, pese a ser suficientes para un ejercicio ilustrativo de esta índole, no presentan el rigor necesario para un análisis de carácter académico.

En el siguiente mapa interactivo puedes ubicar las ciudades que seleccionamos reflejando su densidad poblacional (tamaño del círculo) y el número de casos por cada 100 mil habitantes (tono de color). Lo primero que podemos observar es que muchas de las ciudades con diferentes densidades presentan el mismo color, es decir, han tenido un impacto similar.

Los tres gráficos interactivos ilustran la relación que existe entre densidad urbana (eje horizontal) y las tres variables estudiadas (eje vertical): casos totales, casos por 100 mil habitantes, y tasa de fallecidos (porcentaje de fallecidos del total de casos confirmados).

Si la densidad poblacional fuese un factor determinante del impacto del coronavirus, entonces los puntos correspondientes a ciudades con mayor densidad (ubicados en el eje horizontal hacia la derecha del recuadro), deberían representar más casos por 100 mil habitantes y mayor tasa de fallecidos, lo que los ubicaría en la parte superior del recuadro. Sin embargo, según los datos disponibles esto no ocurre y no pareciera haber ningún patrón claro entre los puntos de cada gráfico: los valores varían en el eje vertical independientemente de su ubicación en el eje horizontal. Esto nos lleva a descartar la idea de que las ciudades más densas son más propicias para la propagación de la pandemia.

Una explicación mucho más compleja

Que la densidad en sí no sea un determinante directo no quiere decir que no tiene ninguna relación con el impacto del coronavirus. Al margen de otros factores de suma importancia como la capacidad de respuesta del sistema de salud y la efectividad de las políticas de contención implementadas en cada región, la densidad urbana está estrechamente asociada con otros elementos de la ciudad que sí son capaces de influir en la propagación del virus y que comúnmente son confundidos por ella.

Uno de estos factores es el alto índice de hacinamiento presente en muchas ciudades que, si bien puede resultar en altas densidades, tiene por sí solo graves implicaciones sanitarias y demuestra un problema en la planificación y acceso a la vivienda. Ciudades con escasa oferta de espacios públicos y con medidas insuficientes para facilitar la movilidad segura de trabajadores esenciales, como consecuencia de la mala planificación de su densidad, entre otras razones, exponen a sus ciudadanos a condiciones donde es más fácil la propagación de enfermedades.

Asimismo, la capacidad de los gobiernos junto a distintas organizaciones civiles de controlar actividades que impliquen un riesgo para la salud pública, también ha jugado un papel determinante en el impacto del coronavirus, especialmente cuando se trata de gobiernos locales lidiando con grandes poblaciones.

En conclusión, la densidad urbana por sí sola no es un enemigo de la salud pública y, en este caso, no podemos considerarla una razón primordial del impacto que ha tenido el coronavirus en nuestras ciudades. De hecho, la densidad urbana sólo es el resultado de múltiples políticas de vivienda, transporte, e incluso de ambiente, que cuando están mal planificadas pueden poner en riesgo a su población, pero que cuando se diseñan y ejecutan correctamente permiten brindar calidad de vida y hacer mejor uso del suelo. ¿Ven que no es tan simple?

Foto de portada: Transecto.

Publicado por Andrés Peñaloza en Andrés H. Peñaloza Rengifo, Dibujos libres, Publicaciones, 0 comentarios
Vancouver, los opioides y la deformación de una de las mejores ciudades del mundo

Vancouver, los opioides y la deformación de una de las mejores ciudades del mundo

¿Qué cosas pensarías que pueden definir la dinámica de una ciudad? Quizás un proyecto de renovación urbana, una política habitacional, o incluso la liberación de impuestos para la construcción en una zona. Pues en el caso de Vancouver, Canadá, uno de los principales elementos que ha definido la dinámica del centro de la ciudad en la última década ha sido la presencia de los opioides y las personas que sufren de adicción a ellos.

Vancouver es una ciudad reconocida mundialmente por sus altos índices de calidad de vida, buen clima (para los estándares canadienses), y el gran componente ecológico de sus políticas. El diseño y conformación de su estructura urbana, así como la distribución de las actividades sobre su territorio hacen que se sienta como una ciudad muy compacta, con un centro claramente definido por sus grandes edificios con fachadas de vidrio y dinámica urbana propia. Sin embargo, poco se habla internacionalmente sobre lo que sucede al Este de dicha zona. 

¿Qué pasa en Vancouver?

Desde hace varios años, las principales ciudades del llamado Pacífico Noroeste de Norteamérica, a saber, Seattle, Portland y Vancouver han presenciado un alarmante incremento en el uso de opioides legales e ilegales, creando una epidemia de addición a dichas drogas que, sumada a los todavía existentes rastros de la crisis económica del 2008 y a los altos costos de la vivienda, han terminado de dar forma a un círculo vicioso de indigencia sin precedentes.

En el caso de Vancouver, la ciudad fue declarada en estado de emergencia de salud el 14 de abril de 2016 debido al alto número de casos de sobredosis por opioides. Desde entonces, el gobierno de la ciudad ha implementado varios planes, junto a otras organizaciones, para brindar asistencia a estas personas adictas, pero no sin evitar controversias. El Plan de inyecciones seguras e intercambio de agujas es uno de los proyectos más polémicos de la región. En pocas palabras, el plan ofrece acceso controlado (pero acceso al fin) a hasta 5 dosis de heroína o hidromorfona en un lugar seguro e higiénico a fin de reducir el riesgo de sobredosis y transferencia de enfermedades. Además ataca directamente al mercado negro de estas drogas ya que se ofrecen a un costo mucho más bajo. 

Y ¿esto cómo afecta a la ciudad?

Todos los lugares donde se ofrece este servicio se encuentran ubicados en la misma zona: al Este del centro de la ciudad. 

El área donde se concentran la mayor parte de los atendidos por este programa, que en su mayoría se encuentran en estado de indigencia, coincide en cierta medida con Gastown, una de las zonas con mayor atractivo turístico de toda la ciudad. En ésta se pueden ver algunos de los edificios más emblemáticos de la época industrial de Vancouver, con una mayor influencia europea, y en donde se presentan algunos de los hitos más populares de la ciudad como el famoso Steam Clock (Reloj de vapor).

A través de Google Maps podemos navegar los alrededores del Parque Oppenheimer en el que acampa una gran cantidad de personas en situación de calle. También se pueden ver personas haciendo colas para acceder a los servicios mencionados.

Conforme esta crisis ha empeorado, más y más personas adictas a los opioides y en estado de indigencia se han ido apropiando de los alrededores de esta zona, convirtiéndola poco a poco en un antro en el que ilegalmente se comercializa, distribuye, y administran drogas en la vía pública. 

Para los vancouverinos, Gastown y sus alrededores se han convertido en una zona a evitar en la medida de lo posible. Para los dueños de tiendas y cafés, cada vez es más complicado prosperar en un entorno tan desfavorable. Para los turistas que llegan a esta zona (y los inmigrantes -como en mi caso-) no es sólo un obstáculo o un elemento que evitar dentro de la ciudad. Es un gran shock.

Quienes recién llegamos a Vancouver, ya sea de turismo o a buscar una nueva vida, probablemente nunca imaginamos caminar por el lujoso centro de la ciudad, lleno de torres de cristal y autos de lujo y en cuestión de cuadras, conseguirnos personas desmayadas en aceras repletas de excremento humano, o grupos de personas inyectándose heroína justo en frente del café donde ibas a reunirte a merendar. Luego de enfrentarse a estas imágenes por primera vez, son pocas las ganas de volver a caminar por esta zona. Así comienza un ciclo vicioso muy complejo en el que la apropiación del espacio por estos individuos deteriora la calidad del espacio urbano rápidamente, y su condición de adicción perjudica la alta sensación de seguridad presente en el resto de la ciudad. Ello trae consigo que menos personas circulen por esta zona, que a su vez hace que cada vez sea menos el interés en recuperarla.

Desde antes del 2010 la calle Hastings concentra una gran cantidad de personas en situación de calle.

Foto: Clent Mann.

El gran reto de Vancouver

Para el gobierno de Vancouver, el gran reto no será limpiar las calles, o incluso mejorar la seguridad en el área para que las personas se sientan más seguras. Con una buena gestión del presupuesto se puede lograr. El gran reto no será ayudar a las tiendas y demás negocios con cuentas en rojo debido a la falta de clientes. Para eso hay incentivos fiscales.

El gran reto al que se enfrenta el gobierno de Vancouver es comprender las razones por las que esta situación se originó en primer lugar. Y no hablo sobre la existencia de una epidemia de opioides, sobre la cual un gobierno local tiene poco que hacer al respecto. Hablo del reto de comprender cómo todas las políticas que implementa el gobierno de la ciudad tienen un impacto visible en el corto o largo plazo sobre las dinámicas y nuestra percepción de la misma.

En el caso de Vancouver, una política asistencial con la cual se buscaba reducir los índices de transmisión de enfermedades y de fatalidades por sobredosis, resultó en algo parecido a un quiste urbano que ya va tomando forma de tumor muy cerca del corazón de la ciudad, por no pensar en las consecuencias espaciales que vendrían con su implementación. Vancouver se enfrenta ahora a la necesidad de recuperar una de las zonas más importantes de la ciudad para todos sus habitantes, sin dejar de prestar asistencia a quienes la están recibiendo hoy en día. Esperemos que esta vez sí consideren las consecuencias urbanas que pueda tener esta nueva solución.

Foto de portada: The Scout Vancouver.

Publicado por Andrés Peñaloza en Andrés H. Peñaloza Rengifo, Dibujos libres, Publicaciones
La vivienda: ¿Techo o alcancía?

La vivienda: ¿Techo o alcancía?

De acuerdo a la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la vivienda ha sido reconocida como un derecho humano fundamental por estar profundamente asociada a valores fundamentales como la dignidad, la igualdad, la inclusión, el bienestar, la seguridad de la persona y la participación pública; sin embargo, la misma ONU reconoce que nos encontramos ante una crisis sin precedentes con respecto a la vivienda. En gran medida, esto se debe a que los gobiernos no siempre implementan políticas habitacionales considerando estos valores, ya que existen muchas dinámicas en nuestras ciudades que interactúan y conducen a nuestros gobernantes a tomar decisiones sobre la vivienda por otros motivos. Aquí revisamos tres casos en los que queda evidenciado cómo estos inmuebles trascienden su rol como refugio y garante de bienestar.

El caso de Tíbet

Recientemente leí un libro que jamás imaginé leer y que resonó fuertemente en mí y mis experiencias como venezolano: “Taming Tibet: Landscape Transformation and the Gift of Chinese Development” (“Domando Tíbet: Transformación del Paisaje y el Regalo del Desarrollo Chino”), escrito por la geógrafo Emily Yeh en 2013. El libro presenta las complejidades que ha supuesto la apropiación de Tíbet por parte de China, desde los años 50 hasta la actualidad, enfocándose en la relación entre las dinámicas sociales y la forma en la que dicho dominio se manifiesta sobre el territorio y el ambiente construido. El texto cubre temas de migración, disrupción cultural, cambios tecnológicos, expropiación, desplazamiento forzado y políticas sobre la infraestructura. El trabajo de investigación consistió en una seudo etnografía en la que la autora visitó varios poblados alrededor de Lhasa (capital de la Región Autónoma de Tíbet) y documentó el cambio físico y social ocurrido por más de una década.

Ahora bien, una de las ideas que más llamó mi atención fue que por medio de la producción en masa de vivienda en el territorio del Tíbet, el gobierno chino no sólo estaba cambiando el paisaje físico, sino que también estaba generando un cambio en los hábitos más tradicionales de los tibetanos. A grandes rasgos, el gobierno creó un programa de subsidios para estas nuevas viviendas y facilitó préstamos desde bancos para quienes habían sido desplazados a causa de las expropiaciones. Uno de los objetivos de esta medida era incentivar un cambio en la forma en la que los tibetanos consumían la vivienda, insertándolos en un sistema que los conducía a modificar sus hábitos de acumulación de riqueza.

Viviendas construidas bajo imposición del gobierno Chino en Tibet

Foto: Emily Yeh.

Bajo este programa muchos habitantes no sólo pasaron de tener viviendas tradicionales, que respondían a sus necesidades y preferencias históricas en cuanto a materiales y distribución del espacio, sino que a causa de estos préstamos tuvieron que modificar la forma en la que trabajaban y guardaban su dinero, porque ahora se veían obligados a cumplir con pagos a una agencia financiera. Para los tibetanos la riqueza dejó de guardarse en posesiones valiosas y ahora se almacenaba en la vivienda por medio de estos pagos, dejando de ser simplemente su refugio y hogar para convertirse en su “alcancía”.

El caso de Caracas

La idea de convertir la vivienda en el mecanismo de almacenamiento/protección de la riqueza de las personas es algo muy común en el negocio de la construcción y el lavado de dinero.

Por ejemplo, en Caracas, Venezuela, en medio de la grave crisis económica en la que ha estado sumido el país, en los últimos 10 años hubo una gran proliferación de nuevos edificios de oficinas y vivienda. A simple vista, este fenómeno no parece tener mucho sentido, ¿para quién son estas torres si la gente no tiene para comer? ¿cómo en medio de una crisis no se detiene la construcción? Estas interrogantes eran parte de mi día a día como planificador de uno de los municipios de Caracas donde esto estaba sucediendo. La explicación que me dieron algunos desarrolladores inmobiliarios fue que construir es la única forma que tenían de proteger su capital. Funciona así: en vista que la mayor parte de su dinero se encontraba en divisa venezolana y, por restricciones del gobierno iba a permanecer así, ese capital perdía valor día a día como consecuencia de las altas tasas de inflación. Por el contrario, al invertir su dinero en “concreto y hierro” recuperaban y mantenían el valor ante la inflación porque lo construido usualmente se revalora con el tiempo, incluso si no terminaban las obras.

En la urbanización Las Mercedes se ven edificios en construcción y complejos residenciales nuevos

Foto: Incursiones.

La respuesta del gobierno ante esta demanda por parte de los grandes inversores fue fortalecer el interés en la construcción e incentivar nuevas inversiones en otras zonas del municipio. En menos de 10 años, hasta tres ordenanzas de zonificación fueron aprobadas con el principal objetivo de aumentar los incentivos para la construcción de nuevas edificaciones. La lógica principal detrás de las reformas regulatorias ha sido que, de esta manera, el municipio aseguraría disponibilidad de inmuebles en el mediano y largo plazo. Sin embargo, tanto políticos como inversores han sido repetidamente acusados de corrupción y lavado de dinero dadas las circunstancias especiales bajo las cuales se han tomado estas medidas.

El caso de Vancouver

Otro lugar donde utilizar la vivienda como refugio para la riqueza se ha vuelto una práctica muy común es en Canadá, particularmente en Vancouver, en donde se ha formado una de las burbujas inmobiliarias más grandes del mundo con precios de la vivienda duplicándose en menos de seis años y en donde la crisis habitacional se ha profundizado a niveles históricos.

El geógrafo David Ley, profesor de la Universidad de British Columbia, ha dedicado sus últimos años a investigar las razones de la crisis habitacional en Canadá. En un artículo académico del año 2017, explica que gran parte del rápido incremento en los precios de los bienes raíces se debe a los movimientos de capital provenientes de Asia del Este, producidos gracias a una serie de incentivos migratorios establecidos por el gobierno canadiense en las últimas décadas. Ley y otros investigadores señalan que una proporción considerable de compras de inmuebles por más de un millón de dólares canadienses fueron realizadas por inmigrantes provenientes de Asia del Este. Esto ha llevado a crear una serie de hipótesis para explicar las razones de este fenómeno. La que ha tenido mayor resonancia explica que los programas migratorios para inversores del gobierno de Canadá han facilitado que gran parte de la riqueza generada en las últimas décadas en estos países, “escape” en búsqueda de protección ante el riesgo que representan sus gobiernos autoritarios y su compleja situación política.

El mayor problema es que muchas de las personas que han adquirido inmuebles no se han estado mudando a la ciudad, ni han estado proporcionando algún uso a las viviendas, bien sea poniéndolas en alquiler o haciendo remodelaciones para incluir más unidades. Nada. En términos prácticos, básicamente se sacaba estas casas del mercado, reteniendo el uso del suelo y provocando un desbalance aún mayor entre oferta y demanda, es decir, agravando la crisis de vivienda de la ciudad.

Material publicitario para el tax de viviendas vacías

Fuente: Ciudad de Vancouver.

La crítica al gobierno local y regional fue, por mucho tiempo, que no estaban implementando ningún tipo de políticas para abordar la situación porque no les convenía económicamente. Estaban aumentando sus ingresos por medio de los impuestos inmobiliarios y ventas generados en este mercado sobrevalorado de la vivienda. Sin embargo, tras un alza histórica de precios entre 2017 y 2018, el gobierno finalmente decidió aprobar dos medidas que fueron bastante controversiales: el “Impuesto a la Vivienda Vacía” (Empty Homes Tax en inglés) que buscaba desestimar la remoción de los hogares del mercado, de modo que, al menos fuesen puestas en alquiler; y el “Impuesto a los Compradores Extranjeros” (Foreign Buyers Tax) que tenía la intención de favorecer y proteger a compradores locales en comparación a personas provenientes de otros países ya que se estimaba que, en muchos casos, estos inmigrantes e inversores tenían la capacidad de aventajar a la competencia en casi cualquier negociación. Si bien estas medidas son muy recientes para conocer el efecto concreto que tendrán en el mediano y largo plazo, muchos reportes indican que los precios de venta de viviendas en Vancouver finalmente han dejado de aumentar.

Pensando en el futuro

Muchas veces cuando pensamos en proyectos de vivienda y políticas habitacionales, lo hacemos desde la visión tradicional, asumiendo que esas unidades serán ocupadas y aprovechadas como un bien de primera necesidad. La evidencia nos enseña que hay muchos casos en contextos diversos donde no funciona así. Existen múltiples dinámicas culturales, sociales y principalmente económicas que definen usos y valoraciones distintas a las viviendas, lo cual debemos tener presente.

La pregunta pendiente es si debemos permitir que coexistan estas múltiples formas de entender la vivienda o si, por el contrario, debemos proteger su valor fundamental como refugio.

Foto de portada: Skitterphoto en Pexels.

Publicado por Andrés Peñaloza en Andrés H. Peñaloza Rengifo, Dibujos libres, Publicaciones
Los alquileres a corto plazo y el gran reto de los gobiernos locales

Los alquileres a corto plazo y el gran reto de los gobiernos locales

“¿Quieres saber cuál es la verdadera tarea de un urbanista?” me preguntó el Director de Catastro de la Alcaldía donde conseguí mi primer trabajo, mientras salíamos de una reunión en la que se discutieron ordenanzas de impuestos, plusvalías, y otras contribuciones especiales.

“Hacer que el municipio se mantenga en números verdes.”

Como un comentario dicho a la ligera, recibí una de las lecciones más importantes en mi carrera. Inmediatamente después, los aprendizajes de cinco años de estudios tomaron otro tono y empecé a ver y entender a las ciudades y a sus gobiernos de otra manera.

Los grandes contribuyentes

Básicamente, las ciudades se financian a partir de asignaciones fiscales por parte de los gobiernos centrales y los impuestos que colectan. Usualmente, los usos residenciales son los que menos impuestos pagan para facilitar el acceso a la vivienda, sin embargo, los usos industriales y hoteleros pagan las mayores tasas sobre los ingresos que generan. Esta es precisamente una de las razones por las cuales las ciudades se benefician tanto del turismo. Mientras más atractivas sean, más turistas viajan a ellas, más hoteles ofrecen sus servicios, más impuestos recolectan, más dinero pueden reinvertir en la ciudad, haciéndola más atractiva, y así.

Esa suerte de ciclo virtuoso se ha visto fuertemente perturbado en los últimos años con la irrupción de Airbnb y demás empresas con el modelo de Alquiler de Corto Plazo (ACP). Este modelo está diseñado para que personas puedan recibir turistas en sus viviendas temporalmente por un costo menor que un hotel, dado que no ofrecen los mismos servicios que éstos. Por el contrario, permite a los viajeros tener una experiencia “hogareña”.

Para muchos turistas que están más interesados en disfrutar de la ciudad y no de las amenidades de un hotel, este modelo les resulta más beneficioso. Como resultado, hoteles en todas partes del mundo han disminuido sus ingresos… y las ciudades también.

Al perder una tajada del mercado turista, las ganancias sobre las cuales se calculan los impuestos de los hoteles han mermado, impactando negativamente las cuentas de los gobiernos locales.

Los costos de la innovación

Esta nueva visión sobre el mercado de hospedaje ha traído consigo una gran cantidad de retos para las ciudades, más allá del problema impositivo. Su innovadora naturaleza ha permitido que el modelo original haya mutado rápidamente, pasando de ser una alternativa para quienes tenían habitación disponible en su hogar para recibir turistas y generar un ingreso extra, a convertirse en un negocio a tiempo completo, donde incluso se ofrecen para alquilar grandes propiedades completas llenas de lujos.

Chateau d’Estoublon es una de las propiedades de lujo destacadas por Airbnb. Con capacidad para 20 personas, la noche en este castillo francés ronda los $11.250 USD.

La evolución del modelo

Un ejemplo de la expansión y la escala en la que los ACP están apareciendo en las ciudades está reflejada en un estudio realizado por David Wachsmuth de la Universidad McGill en Montreal, Canadá, citado por CityLab. El estudio identificó que 12% de los 50.500 hospedadores son operadores comerciales que ofrecen varias propiedades y unidades alrededor de la ciudad. Estos concentraron 28% de las ganancias de Airbnb en toda la ciudad (aproximadamente $184 millones).

Este formato convierte a los ACP en una mayor amenaza para los hoteles convencionales desde todos los puntos de vista. Normativamente, no requieren cumplir con todas las regulaciones de construcción, sanidad y seguridad que sí deben considerar los hoteles (con sus costos añadidos). Fiscalmente, ya se mencionó la diferencia entre las tasas impositivas de ambos. Y funcionalmente, los hoteles tienen un impacto negativo mucho menor sobre sus vecindarios porque están ubicados en zonas concebidas para este tipo de actividad, a diferencia de los ACP, como se menciona en este artículo del New York Times donde se destaca la interminable batalla de los vecinos y la policía en contra de los ACP en Miami.

Retomando el control

En respuesta, casi todas las grandes ciudades del mundo están aprobando leyes y ordenanzas para regular este nuevo mercado. Airbnb, por su parte, ha colaborado con dichos gobiernos locales para prestar asesorías y facilitar el entendimiento de las limitaciones y el crecimiento de estas plataformas a fin de producir normativas adecuadas y efectivas. Sin embargo, cualquiera que haya trabajado alguna vez en una oficina pública, sabe que aprobar una pieza de legislación nueva es un gran reto técnico y político. Hay que alinear muchos actores e intereses para poder escribir un documento legal moderno y suficientemente flexible para afrontar las complejidades de este cambiante mercado, y que además cuente con el apoyo de las empresas tanto en el diseño y aplicación.

Impuestos segun Airbnb

Impuestos según Airbnb. Fuente: Airbnb.

¿Qué están haciendo las ciudades?

En la mayoría de los casos, las regulaciones tratan de actuar en dos corrientes principales.

  1. Regular la presencia y extensión de esta actividad en la ciudad: los datos recolectados en diversas ciudades ha demostrado que mientras más ACPs hay, más altos serán los alquileres y los bienes raíces en general, porque más unidades de vivienda salen de ese mercado para ingresar en el hospitalario. De la misma manera, al controlar la presencia de los ACPs en los vecindarios, se puede mitigar el impacto que estos pueden tener sobre las dinámicas urbanas existentes.
  2. Aumentar las obligaciones fiscales de los ACP: por medio de impuestos más altos, los gobiernos locales pueden capitalizar parte de las ganancias generadas por esta actividad mercantil, de una forma que antes no estaba estipulada.

En pocas palabras, la primera busca proteger y mejorar la calidad de las dinámicas urbanas existentes en la ciudad, y la segunda busca garantizar la sostenibilidad económica de los gobiernos locales de cara a la irrupción de este nuevo mercado.

Ahora bien, los gobiernos locales están en la obligación de definir un plano legal y fiscal que sea justo para todos sus actores. Es por ello que el caso de los ACP llama tanto la atención. El reto de regular un mercado innovador como este ha generado angustias en muchas ciudades, tanto en sus habitantes como en concejales y políticos. Sin embargo, será cuestión de ensayo y error de los planificadores poder adaptar las mejores prácticas para regular este fenómeno hospitalario que apenas está tomando forma y mantener las cuentas de la ciudad en verde.

Foto de portada: Victor Garcia en Unsplash.

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Ciudades fantasmas: desafío de la nueva era urbana

Ciudades fantasmas: desafío de la nueva era urbana

Mientras 883 millones de personas viven en asentamientos informales que carecen de electricidad, agua y/o saneamiento básico, en China existen decenas de ciudades que poseen todos los ingredientes para una vida urbana moderna: apartamentos en altura, rascacielos para oficinas, hoteles de lujo, complejos deportivos, parques públicos. Todos, excepto por el elemento más importante de una ciudad: las personas. Como un escenario postmoderno de una serie de televisión (Ej: The Walking Dead), en China las ciudades nominadas “fantasmas” dan cuenta del resultado de la política que pretende trasladar hasta 300 millones de ciudadanos de las áreas rurales a emplazamientos urbanos.

Si bien no ha habido una clara definición sobre las ciudades fantasmas, el término «estado fantasma» se propuso por primera vez para describir desarrollos de vivienda vacíos o no terminados en Irlanda por el economista David McWilliams en 2006. Según la definición tradicional, una ciudad fantasma es un pueblo o ciudad que ha sido abandonada, ya sea debido a desastres provocados por la naturaleza o por el hombre.

A diferencia de las ciudades fantasmas occidentales, que generalmente son el resultado de dificultades económicas, naturales o sociales, las ciudades fantasmas chinas reflejan nuevos proyectos de desarrollo urbano que no han llegado a ser habitados. Jingjin, ciudad pensada para convertirse en el hogar de más de medio millón de personas, tiene actualmente el 9% de ocupación. Ordos, fundada en 2001, fue construida para más de un millón de personas y solo el 2% de sus viviendas están habitadas. Según un estudio del profesor Gan Li de la Universidad de Texas A&M (2018), más del 20% del parque inmobiliario de China está actualmente sin ocupar. Y no se espera que muchas de estas nuevas ciudades sean urbes vibrantes hasta después de 15 a 25 años de su construcción.

¿Por qué China es cada vez más urbana?

La rápida urbanización asiática comenzó hace varios años. Si en 1990 la población urbana china era de un 26%, se espera que en el 2025 supere el 50%. La estrategia de la China reformista enfocada en la acumulación, se basa hoy día en la transferencia de enormes cantidades de capital a entornos edificados. La construcción urbana ha sido el medio ejemplificador de la modernización económica en un país que transitó de la producción agrícola, durante miles de años, a un modelo predominantemente urbano.

El Plan de Urbanización Nacional 2014-2020 anunciado en marzo de 2014, daba cuenta de la gran inversión que se proponía el gigante asiático para expandir su crecimiento urbano, con un capital inicial de US$ 7 billones (alrededor de la mitad del PIB de Estados Unidos). Esta estrategia se plantea como medida para mitigar los impactos de la disminución de la demanda por productos manufacturados. Potenciar la industrialización y el crecimiento económico requiere hoy día apostar por la urbanización.

¿Algunas razones? Las megaciudades (ciudades con más de 10 millones de habitantes) son las principales fuentes de riqueza económica porque se calcula que al 2030 serán responsables de más del 60% del Producto Interno Bruto del mundo, a pesar de que solo cubren del 2 al 3% de la superficie de la tierra. Existe una reciprocidad evidente entre urbanización y crecimiento económico. En casi todas las ciudades, la contribución de las áreas urbanas al PIB es mayor que su parte de la población nacional. Es por ello que los países en vías de desarrollo han apostado por la inversión de capitales en entornos edificados e infraestructura urbana como estrategias para aumentar su productividad económica. 

Pero, ¿hay cabida para tanta urbanización?

En el marco de una conferencia dictada en la Universidad Nacional Autónoma de México en noviembre de 2018, David Harvey (geógrafo y teórico social marxista británico) indicó que, en dos años, China consumió 45% más cemento que los Estados Unidos en todo el siglo pasado. No obstante, diferentes investigadores han calculado que actualmente en China existen 65 millones de viviendas vacías, equivalente a una capacidad de alrededor de 200 millones de personas.

Como una de las principales potencias económicas del mundo, el fenómeno de la vacancia en las principales ciudades chinas ha atraído la atención de la comunidad académica internacional y de curiosos fotógrafos interesados en retratar las catalogadas “ciudades fantasmas”.

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La carencia de datos y la escasa claridad sobre cómo el crecimiento, la escala y la intensidad de las ciudades fantasmas cambian o evolucionan con el tiempo, obstaculizan los estudios sobre el tema. Varias investigaciones han realizado esfuerzos para calcular las tasas de vacancia en las ciudades chinas a través de diferentes medios (datos estadísticos, encuestas, teledetección a través de trayectorias de luz nocturna, datos de redes sociales, entre otros), no obstante, mientras la comunidad académica suma esfuerzos por explicar y caracterizar este fenómeno, surgen diversas interrogantes sobre los efectos que tendrá esta creciente expansión urbana en términos del consumo de los recursos naturales, la sustentabilidad urbana, la gestión y gobernanza de estos territorios, el aumento de los precios de las viviendas, la segregación social-urbana, entre otros.

Con más inquietudes que aciertos sobre el tema, cabe cuestionarse si la nueva era urbana por la que transitan distintos países como China, supone la consolidación de ciudades sin el pilar fundamental que la sostiene: sus ciudadanos.

Foto de portada: Infobae.

Publicado por Adonay Perrozzi en Adonay Perrozzi Paladino, Dibujos libres