Infraestructura

Parques inundables: el rol del espacio público en la gestión del agua

Parques inundables: el rol del espacio público en la gestión del agua

Cerca de la quinta parte de los países del mundo sufrirán problemas relacionados con el acceso al agua en 2040. Pero mientras algunas ciudades con estrés hídrico buscan formas sostenibles de gestionar el preciado recurso, otras experimentan un considerable aumento del nivel del mar y lluvias torrenciales que causan inundaciones. La capacidad de las ciudades de adaptar su infraestructura frente este nuevo contexto parece ir a una velocidad distinta a los cambios asociados al clima, no obstante, algunas iniciativas como los parques y plazas inundables abren una oportunidad para empezar a gestionar de manera sostenible uno de los recursos más importantes para la vida.

Agua. Un recurso esencial

El agua tiene un rol fundamental en la forma en que vivimos la ciudad y disfrutamos los espacios públicos, sin embargo, no es prioridad en los proyectos de diseño urbano que se desarrollan en la mayoría de nuestras ciudades.

Las constantes lluvias y fuertes tormentas que aumentan su intensidad gracias al cambio climático revelan la importancia de considerar el agua en el diseño urbano de forma más elemental. La infraestructura actual de nuestras ciudades no da abasto para sostener los niveles de precipitación a los que son sometidas.

En los últimos años, han ganado mayor interés e importancia prácticas para aprovechar el recurso hídrico de forma más eficiente sin interrumpir su ciclo natural y afectar los ecosistemas asociados a ellos. El Diseño Urbano Sensible al Agua es un modelo de planificación y diseño en el que se considera el ciclo natural del agua como parte de la dinámica del espacio urbano. Este concepto incluye una amplia gama de estrategias para la captura de aguas de lluvia, entre las que se encuentran los parques y espacios públicos inundables.

Los parques y plazas inundables se diferencian de otros espacios públicos en que están diseñados para ser inundados y aprovechar de forma más eficiente la cantidad de agua que reciben. Se transforma el problema en una oportunidad. Estos ayudan a mitigar el riesgo asociado a eventos hidrometeorológicos, a disminuir la contaminación de los cuerpos de agua y a reducir la escasez del recurso. Son una alternativa eficiente y sustentable para la ciudad, que integra los procesos naturales y ayuda a mantener el equilibrio que usualmente se ve afectado por el desarrollo urbano.

Inundaciones Mumbai

Inundaciones Mumbai, India – Julio 2019. Foto: Indranil Mukherjee / Agence France Presse – Getty Images.

Mitigación del riesgo

Los parques inundables proponen una nueva aproximación a las medidas de mitigación de riesgo. La interacción permanente entre la infraestructura ‘dura’ o poco permeable y la vegetación y los elementos ambientales, permite que el ciclo del agua funcione de forma más natural.

La mitigación del riesgo es una función fundamental de los parques inundables ya que estos pueden ser una pieza clave en el diseño de sistemas de alerta temprana, planes de evacuación y monitoreo ante posibles inundaciones o ante el aumento del caudal de los ríos.

Los modelos de captura varían dependiendo de las dimensiones y ubicación del espacio, el contexto, la cantidad y tipo de agua que reciben. Un beneficio de este modelo es que los parques inundables contribuyen en la reducción de costos de mantenimiento reciclando el agua de lluvia y permitiendo el flujo natural de los cursos de agua. Este aspecto también contribuye a reducir el calor en las ciudades y a aumentar el confort de los espacios públicos.

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Capturar y administrar el agua

Para almacenar el agua, estos espacios públicos requieren de grandes depósitos subterráneos que deben ser considerados y cuidadosamente estudiados durante el proceso de diseño y construcción, ya que en la mayoría de los casos es necesaria una intervención espacial significativa para la instalación de estas estructuras.

Los grandes tanques y depósitos guardan el agua que luego es reutilizada para el riego de plantas durante la época de sequía. En temporada de lluvia, los tanques y depósitos ayudan a drenar el agua en cantidades más controladas a través de los sistemas de drenaje formal de la ciudad, una vez que las lluvias han cesado. Todo esto es posible gracias a un sistema de válvulas. La tecnología puede contribuir también en la medición de los niveles de precipitación y acumulación de agua, aportando así un factor de inteligencia en la gestión de estos espacios.

Repensando espacios adaptables

El modelo de parques y plazas inundables es un referente innovador para el desarrollo de espacios públicos a lo largo de ríos y quebradas urbanas, especialmente en zonas con constantes eventos de precipitaciones e inundaciones, ya que ayudan a preservar la infraestructura y edificaciones cercanas reteniendo parte del agua que se acumula o, redirigiéndola estratégicamente a su cauce natural. Además, estos espacios contribuyen a proteger las fajas de los cauces de la expansión urbana y los asentamientos irregulares, integrándola también al sistema de espacios públicos de la ciudad y evitando que se conviertan en vertederos clandestinos o microbasurales.

El parque inundable La Marjal (San Juan, Alicante) es un referente importante sobre la adaptación de las ciudades al cambio climático. Esta infraestructura es capaz de retener hasta 45.000 metros cúbicos frente a una lluvia de alta intensidad, y posteriormente, derivar el caudal a la red de drenaje o a la depuradora para su reutilización. Asimismo, en tiempo de sequía, se utiliza como zona recreativa dotando de un valor social añadido a la función hidráulica. Para retener esta cantidad de agua de lluvia, el parque inundable cuenta con un vaso retenedor formado por un estanque que almacena habitualmente 6.674 metros cúbicos de agua regenerada procedente de las depuradoras de Alicante. Durante la lluvia, se inunda la zona de vegetación de la ribera adyacente hasta alcanzar su capacidad máxima.

Esta práctica no solo se ha desarrollado en contextos con precipitaciones frecuentes, sino también en ciudades con alto riesgo a quedarse sin fuentes naturales de agua. Tal es el caso de Santiago de Chile, una de las ciudades con los niveles más altos de estrés hídrico según un reciente reporte de las Naciones Unidas, donde se construye actualmente el Parque Inundable Víctor Jara o Zanjón de la Aguada.

Este espacio será el primer parque inundable de la ciudad. Una obra que en 2021 sumará 41 hectáreas de áreas verdes y espacios públicos a la capital. La vegetación actuará como una esponja, siendo capaz de retener una crecida de agua superior al nivel alcanzado de los que se tiene registro en los últimos 100 años. El Parque Inundable Víctor Jara aún se encuentra en etapa de construcción; conectará a 9 municipios y recibirá aguas de lluvias de 21 localidades diferentes.

Parque Inundable Víctor Jara

Parque Inundable Víctor Jara o Zanjón de la Agua, Santiago, Chile. Foto: Diseño Arquitectura.

Nuevas formas de proyectar y disfrutar el espacio público

Los parques inundables requieren de la conceptualización y diseño de espacios, equipamientos e infraestructura de forma creativa para aprovechar y dirigir el agua hacia el destino deseado. La principal aliada en este concepto es la gravedad. Un diseño que incluya desniveles que ayuden a transportar el agua hacia los lugares realmente inundables y de depósito es indispensable. Los parques inundables parten de un entendimiento tridimensional del espacio público, donde estos no son únicamente un plano horizontal en el espacio urbano, sino que cuentan con una serie de capas y niveles que pueden ser aprovechados para diferentes actividades.

El Parque Centenario de la Universidad de Chulalongkorn es un buen ejemplo de cómo el diseño inclinado del espacio colabora con la captura de agua. Bangkok es una ciudad que siempre ha tenido una relación muy estrecha con el agua. Sin embargo, el desarrollo urbano acelerado ha cubierto muchos de sus humedales y espacios vegetales con concreto, afectando drásticamente la forma en la que el agua fluye en la ciudad.

A través de un diseño de superficie inclinada donde predomina la vegetación local en un área total de 11 hectáreas -aproximadamente 11 campos de fútbol-, el Parque Centenario de la Universidad de Chulalongkorn sirve como un oasis en el medio del cemento y concreto que caracterizan a la ciudad de Bangkok. Inaugurado en 2017, sus grandes extensiones de vegetación, infraestructura, diseño y materialidad capturan el agua de lluvia y permiten almacenar hasta casi un millón de galones de agua que fluyen desde las calles cercanas a través de caminerías verdes y ciclovías. Esto ha ayudado a reducir el riesgo de inundación en las zonas aledañas y los niveles de calor generados por la actividad urbana.

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Otro referente significativo de este modelo es el Water Square Benthemplein en Rotterdam, donde las edificaciones que rodean la plaza recogen agua a través de una variedad de mecanismos de captura de lluvia que luego fluye hacia la plaza y los jardines que la conforman. Las caminerías y vías cercanas también tienen un rol fundamental, dirigiendo el agua que reciben hacia el parque a través de leves pendientes y canales superficiales. Con la acumulación del agua, los espacios duros de la plaza que se encuentran a desnivel, como la cancha y el anfiteatro, se llenan de agua y se transforman en lagunas que se integran espacial y funcionalmente con la dinámica y el mobiliario presente para ofrecer una segunda identidad al espacio público.

Después de su inauguración en 2013, Water Square Benthemplein se ha convertido en un símbolo del sector. Antes era un espacio residual entre edificaciones; ahora ofrece la oportunidad de aprovechar y disfrutar la ciudad de forma creativa, atrayendo turistas y personas interesadas en conocer el modelo.

Water Square Benthemplein

Fotos: Rotterdam Center for Resilient Delta Cities (izq) / Urbanisten (der).

Más beneficios implican mayor complejidad

Desafíos técnicos

Los elementos descritos aportan en la mitigación del riesgo, la reutilización del agua y el desarrollo sostenible de espacios públicos pero, mientras las lluvias aumenten de intensidad, la aplicación de estos mecanismos por sí solos será insuficiente. Además de ser extremadamente locales, los parques inundables tienen una capacidad límite de acumulación de agua. Por ello es importante elaborar estudios geotécnicos y de estabilidad y composición del suelo para asegurar que la construcción de un parque inundable no generará inconvenientes no previstos, bien sea por su peso o por la absorción de aguas subterráneas que comprometan la infraestructura y espacios de depósito.

Muchas firmas de arquitectura se han especializado en el diseño de edificaciones -viviendas, edificios de oficina y centros comerciales- que aprovechan el agua de lluvia dentro de sus propuestas, o que consideran crecidas de ríos como factores determinantes. A pesar de que el movimiento parece menos notorio en el ámbito de los espacios públicos, hay muchísimos referentes que pueden ser estudiados.

En el 2017, la Asociación Americana de Planificadores (EEUU) publicó una guía sobre los elementos indispensables para el aprovechamiento de aguas residuales y de lluvia de forma más práctica en espacios públicos. La guía hace una revisión general de los elementos relacionados a la implementación de diferentes prácticas, así como sus beneficios y niveles de complejidad.

Desafíos institucionales

Un factor importante es la coordinación entre diversos actores. Municipalidades, constructoras, técnicos, operadoras de servicios públicos (principalmente de agua), vecinos e instituciones relevantes deben ponerse de acuerdo, no solo para la ejecución sino también para la administración y mantenimiento de estos espacios.

Un aspecto fundamental en la gestión y mantenimiento es el financiamiento. La guía de la Asociación Americana de Planificadores (EEUU) plantea que el periodo de retorno de la inversión en este tipo de parques puede ser de hasta 15 años, además de la reducción de costos asociada a las pérdidas materiales y mantenimiento de la infraestructura debido a inundaciones que varían dependiendo del contexto urbano y los niveles de precipitación anual del lugar.

La OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) seleccionó el parque inundable La Marjal (San Juan, Alicante) como ejemplo de buena gobernanza en las ciudades.  Esta obra pionera en Europa es promovida por Aguas de Alicante y el Ayuntamiento de Alicante y fue inaugurada en 2015 para dar solución a los problemas de las inundaciones.

Parte de un plan mayor

Muchos de estos parques o intervenciones aparentemente aisladas de captura de agua están enmarcados en planes de macro de resiliencia y adaptación al cambio climático de las ciudades, como es el caso de Copenhague. El Enghaveparken es un parque propuesto para esta ciudad que pretende ser un espacio de encuentro en la temporada de sequía, pero que tiene la capacidad de recolectar hasta  24.000 metros cúbicos de agua de lluvia. Este parque, así como muchas otras prácticas e iniciativas propuestas para la ciudad escandinava, forma parte de un conglomerado de acciones para mitigar el riesgo y adaptar el estilo de vida de los ciudadanos a la intensificación de los eventos climáticos.

Es necesario diseñar estrategias de aprovechamiento de agua en las ciudades para reducir considerablemente los impactos negativos de las lluvias. Planes extensivos y políticas claras de adaptación al cambio climático que contemplen todas las variables posibles, desde detalles constructivos de las edificaciones, hasta la diversidad de funciones de los espacios públicos son cada vez más necesarios.

Foto de portada: World Landscape Architect.

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Pasos bajo nivel como espacios de integración urbana

Pasos bajo nivel como espacios de integración urbana

El movimiento moderno y el boom por el cemento dotaron a nuestras ciudades de kilómetros de infraestructura elevada: puentes, autopistas, rampas, vías de tren y metro, etc. Construidas para servir principalmente al automóvil y sistemas de transporte público, originaron simultáneamente una serie de pasos subterráneos vacíos, peligrosos y prácticamente inutilizables. Revisamos algunos referentes de la práctica que busca rescatarlos y aportar más y mejores espacios públicos para la ciudad.

Espacios urbanos desaprovechados

En los últimos años ha cobrado fuerza el movimiento Rails to Trails basado en la recuperación de espacios abandonados en las ciudades. En el 2009, el Highline Park en Nueva York -2.5 kilómetros de recorrido de vías elevadas de tren que fueron transformadas en un parque- se convirtió en un símbolo importante para este movimiento. A partir de allí, muchas han sido las iniciativas para recuperar lugares que eran considerados residuales y aprovecharlos como espacios públicos.

Bien sea un puente, elevado, línea de metro o un pequeño túnel bajo una autopista, todos pasamos casi de forma diaria bajo algún tipo de infraestructura o vía elevada en las ciudades. En muchos casos, estos espacios son percibidos de forma negativa. Oscuros y solitarios, transitarlos no es necesariamente una experiencia agradable.

El anhelo de muchas ciudades por tener más y mejores espacios públicos y la necesidad de aprovechar terrenos disponibles para brindar múltiples y diversos lugares de encuentro en la ciudad, han propiciado nuevas formas de percibir estas cicatrices urbanas generadas por obras de infraestructura vial. En este sentido, diversas ciudades han optado por transformar los espacios bajo vías elevadas en espacios públicos. 

Un desafío con muchas aproximaciones

Imaginar estos lugares como espacios públicos supone una nueva serie de oportunidades y retos. Por ejemplo, una ventaja de estos espacios es la sombra que genera la infraestructura elevada, influyendo en el confort de los usuarios y transeúntes. Sin embargo, estas oportunidades están determinadas por el tipo de estructura que conforma el espacio y el uso de suelo alrededor. Tal es el caso de los puentes y autopistas, estructuras de trenes elevadas y puentes peatonales, o si se encuentran en un sector netamente residencial, industrial o de usos mixtos. Todas estas variables son determinantes de las posibles estrategias de intervención.

El Departamento de Transporte de Nueva York, a través de su proyecto Under the Elevated, elaboró una clasificación de estos espacios basada en morfología, tipo de infraestructura que los conforma y relación de esa infraestructura con el suelo, resultando en siete diferentes tipologías aplicables para esa ciudad. Este esfuerzo es indispensable para entender las oportunidades y retos que conlleva un proyecto de esta naturaleza.

Tipologías de infraestructura elevada. Foto: Under the elevated, New York.

Por ejemplo, las autopistas y puentes pueden ser estructuras de gran altura, macizas y robustas de concreto, o esbeltas con gran entramado estructural de metal. Por otra parte, los distribuidores de autopistas y anclajes de los puentes generan espacios muy distantes de las dinámicas peatonales urbanas.

Las vías de trenes elevados suelen tener una altura accesible para peatones, su tectónica varía dependiendo de la época y tecnología. Por su cercanía al entramado urbano residencial en algunas ciudades, pueden generar un impacto sonoro y de sombra considerable en la experiencia peatonal que se da bajo estas estructuras.

Así mismo, la morfología de estos espacios residuales establece uno de los mayores retos y consideraciones. Existen lineales a lo largo de las vías elevadas, otros que solo funcionan como punto de cruce entre los dos lados de la infraestructura, y otros de mayor escala donde las posibilidades de intervención son mayores. 

En el caso del parque The Underline en Miami, un gran proyecto de parque lineal de 16 kilómetros bajo una línea de tren, la gran extensión disponible permite conectar distintas partes de la ciudad, brindando la oportunidad de generar un nuevo eje urbano que integre la movilidad y el espacio público aprovechando la sombra generada por la infraestructura elevada. En otros ejemplos, como The Bentway en Toronto, una gran agenda cultural ha sido clave para la reactivación de estos espacios. The Bentway cumple un rol fundamental para la cohesión social debido a la versatilidad del espacio residual bajo esta autopista que atraviesa la ciudad.

Sean parques lineales, skateparks, pequeñas plazas, clases de yoga, ferias, exposiciones de arte urbano, o cualquier otra actividad o programa que se quiera generar, los proyectos existentes cuentan con al menos uno de los siguientes componentes:

  1. La generación de nuevos ejes o conexiones en la ciudad;
  2. La dotación de nuevas ofertas de programas culturales, gastronómicos u oferta económica; 
  3. La recuperación y aprovechamiento de los activos ambientales de una zona de la ciudad.

La doble vida de los pasos bajo nivel

No podemos olvidar que estos nuevos espacios públicos reposan debajo de una infraestructura viva, que funciona y sirve a la ciudad de alguna forma. Se vuelve entonces esencial el establecimiento de una sinergia entre las actividades o usos que se quieren potenciar y las necesidades propias de mantenimiento de la infraestructura elevada.

Por eso es importante considerar algunos efectos o condiciones inherentes de estos espacios como el ruido, sombra y humedad dentro del proceso de diseño, que muchas veces pueden estar relacionados al estado de mantenimiento de la infraestructura. Cualquier proyecto de esta naturaleza debe contemplar una inversión en este sentido para asegurar un espacio público de calidad.

Accesibilidad como requisito

Algunos espacios residuales bajo autopistas urbanas están integrados con la trama urbana, mientras que otros se encuentran aislados. Por ejemplo, espacios bajo avenidas de alto flujo suelen contar con mayor accesibilidad que los espacios bajo los distribuidores de grandes autopistas urbanas.

En el caso de los distribuidores, las vías de alta velocidad hacen de barreras que limitan el acceso peatonal, convirtiendo estos lugares en zonas casi inexploradas. Por esta razón, asegurar la efectiva accesibilidad y conectividad con el entramado urbano existente es indispensable para su uso. Esto no es posible en absolutamente todos los espacios, pero diversas estrategias de reducción de velocidad en algunos corredores y la intervención de las zonas aledañas pueden ayudar a preparar el terreno para la intervención.

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¿Quién toma las decisiones?

El rescate, acondicionamiento y gestión de proyectos para estos espacios residuales está intrínsecamente relacionado con la administración y propiedad del suelo y de la infraestructura que lo conforma. Sin embargo, la colaboración entre gobiernos e instituciones a diferentes niveles suele ser compleja. 

Generalmente, los gobiernos locales tienen las competencias sobre la determinación de los usos del suelo, pero no necesariamente la propiedad de la infraestructura. La tutela de estos espacios suele recaer en gobiernos regionales, nacionales, o incluso organismos autónomos. Acortar esta brecha que separa las instituciones no es un reto menor.

Las metas, visiones, e incluso los presupuestos de estos organismos gubernamentales no están alineados. Esto dificulta el establecimiento de acuerdos políticos, legales y administrativos que permitan generar proyectos en conjunto a largo plazo.

Además, la definición de protocolos de seguridad y normativas para el mantenimiento de la infraestructura es también un aspecto a resolver. Pero quizás un tema más controversial en este proceso es la decisión de quién financia y cómo pueden ser pensados estos espacios para generar ingresos. 

Una de las principales fuentes de dinero de los organismos gubernamentales son los impuestos, y en vista de que el acondicionamiento de estos espacios supone la ampliación de la cartera de oportunidades de alquiler para eventos en la ciudad, todos los involucrados buscarán obtener el mayor beneficio posible de estas actividades, por lo cual, modelos claros de gestión deben ser definidos.

Los casos del plan de recuperación de espacios bajo autopistas urbanas en San Francisco, con ingresos estimados de $1 millón al año, y el Westway en Londres con aproximadamente $381 millones recolectados desde los años 80, son algunos ejemplos de proyectos de este tipo con grandes capacidades de generar valor económico para las ciudades.

Símbolos de nuevas conexiones

Cuando las grandes infraestructuras viales atraviesan el tejido urbano, afectando barrios, distritos o zonas importantes de la ciudad, su rescate se vuelve también una estrategia para la equidad urbana, que busca reparar las grietas generadas por los impactos de estas mismas obras.

Más allá del cambio físico, estas intervenciones también pueden contener un valor social y político importante, como es el caso del Chicano Park en San Diego, California. La construcción de autopistas durante los años 60 y 70 afectó gravemente al Barrio Logan, un histórico sector mexicano en San Diego, demoliendo casas y desplazando de manera forzada a parte de su población.

Luego de mucha presión de los residentes, la comunidad, con el apoyo de la ciudad, transformaron el espacio residual bajo la autopista que una vez los dividió en un paseo para mantener viva la memoria y la identidad cultural de Barrio Logan.

Actualmente, Chicano Park está incluido en el Registro de Lugares Históricos de EE. UU. y es utilizado como un espacio para la expresión artística y el activismo político de la comunidad hispana en la ciudad. Es así como el espacio público recuperado puede ser también un símbolo que refuerce los valores de integración y la recuperación de las ciudades  para la gente.

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Siempre hay que pensar dos veces

El techo que aportan estas infraestructuras también ha dado lugar a una serie de actividades bajo ellas. En muchas ciudades, estos espacios son utilizados como refugio por personas en situación de calle. Por ejemplo, en el año 2016, la ciudad de San Francisco invirtió $7.5 millones en limpieza de campamentos y desechos acumulados por habitantes de calle en espacios bajo puentes y autopistas, lo que revela un nivel de uso considerable de estos lugares.

Al transformar y recuperar estos espacios para un aprovechamiento diferente, se puede desplazar una comunidad que se ve beneficiada por su naturaleza de aparente abandono. Así mismo, muchos de estos espacios son utilizados como depósito de material o estacionamiento para unidades de servicio público, de modo que es importante analizar detalladamente las externalidades que puedan surgir al intervenir.

Un paso a la vez

Todos estos proyectos plantean nuevas interrogantes sobre el rol y la función de estas infraestructuras, de obras que más allá de solo facilitar el transporte o prestación de servicios, brinden también una oportunidad diferente de encuentro a los ciudadanos otorgando un nuevo espacio para el disfrute de la ciudad.

La recuperación de estos espacios no elimina completamente la barrera definida por la autopista o infraestructura vial, solo abre un canal que comunica ambos lados. No reemplaza la idea de enterrar las autopistas como ha sido el caso en muchas ciudades del mundo, pero representa una oportunidad de recuperar parte de lo que se perdió con menos inversión y tiempo, de modo que las autoridades locales puedan experimentar y brindar soluciones para aliviar ciertas necesidades de manera más rápida.

En muchas ciudades de Latinoamérica hay ejemplos de este tipo de acciones, algunos ya construidos, otros en proyecto. Sin embargo, la posibilidad de imaginar la ciudad de forma diferente y no dar estos espacios como perdidos permite redibujar el esquema de flujos de la ciudad, abriendo oportunidades para el encuentro entre las barreras generadas por las grandes obras de infraestructura.

Foto de portada: Landezine-award.

Publicado por Transecto Urbanismo en Adonay Perrozzi Paladino, Alexandra Paty Díaz, Andrés H. Peñaloza Rengifo, Colaboraciones, José Manuel Guzmán, Nikolai Elneser Montiel, Revisión