Campo de Cebada Madrid

La ciudadanía en acción: el modelo de autogestión de espacios públicos de Madrid

Publicado por Dione Escobar el 26 de Enero de 2021

El caso de Campo de Cebada como modelo de participación basada en el compromiso y la acción ciudadana.

Con la crisis económica de España a finales de 2007, se desencadena un clima de crispación social generalizada por las medidas económicas y de recorte en políticas sociales que empiezan a afectar la vida de los ciudadanos.

Frente a ello, se produjeron en el país, y sobre todo en Madrid, múltiples manifestaciones ciudadanas que reclamaban cambios en la forma de hacer política y reivindicaban la necesidad de hacer mejoras, principalmente en el ámbito social. Se pusieron sobre la mesa nuevos temas, nuevos conflictos y la necesidad de que participaran nuevos actores en la escena pública. El Movimiento de los Indignados, o Movimiento 15M, permitió trasladar las reivindicaciones de lo nacional a los barrios e impulsó el surgimiento de iniciativas que apostaban por modelos de gestión compartida de la ciudad, como Campo de Cebada en Madrid, que resonó con total relevancia local e internacionalmente.

La manifestación de los indignados el 15 de mayo de 2011 en 50 ciudades españolas fue el origen de un movimiento. Foto: Luis Sevillano, El País.

La debilidad institucional y su contraparte, los movimientos sociales

La forma de hacer política desde la gobernabilidad más que desde la gobernanza, donde lo público sólo compete a la acción institucional, se vio acentuada con la crisis económica de España (2007-2014). Contextos como estos suelen amplificar los efectos de políticas desacertadas, desencadenando la frustración colectiva que pone de relieve la debilidad institucional.

La debilidad institucional puede ser entendida desde la incapacidad en la resolución de problemas y desde la inacción o ausencia de atención. La primera referida a que, al no entender los problemas reales que afectan a los ciudadanos, las entidades gubernamentales plantean soluciones que no se ajustan a las necesidades, requerimientos y aspiraciones de la gente. La segunda, referida a la falta de atención de cuestiones prioritarias para la comunidad, debido a que pueden resultar poco importantes, políticamente conflictivas o por las limitaciones económicas y operativas que impiden la ejecución de acciones concretas.

El clima de insatisfacción frente a la forma de ejercer la política en lo público resulta ser el detonante para la organización social y para la aparición de grupos de ciudadanos que empiezan a plantear formas diferentes de gestionar ámbitos de la vida pública y urbana: pasar del Estado como único ente regulador a un modelo bottom-up (abajo-arriba), donde los sectores sociales organizados se autorregulan.

La autogestión de espacios públicos en Madrid

La clave para entender la autogestión es la participación. La autogestión como forma en la que el Estado delega la administración y vigilancia de un equipamiento, servicio o bien público a la ciudadanía organizada es reconocida legalmente en 2004 con la aprobación del Reglamento de Participación para la ciudad de Madrid, mucho antes de que los movimientos reivindicativos hicieran su aparición en 2007.

Uno de los casos de autogestión con gran notoriedad en la ciudad de Madrid fue Esta es una plaza, que nació en 2009, y desde la que se propone una nueva forma de producir y gestionar espacios públicos como respuesta al déficit y aprovechando la existencia de espacios vacantes, de propiedad pública.

Fuente: Esta es una plaza.

Con ella, empiezan a emerger otras muchas iniciativas que se amparan en un modelo similar de autogestión, tanto en la ciudad de Madrid – Solar Polivalente Autogestionado Maravillas (2010-2020) y Campo de Cebada (2011-2017)- como en otras ciudades del país – Solar Corona en Valencia (2011-2018) y el Programa “Esto no es un solar en Zaragoza (2009), son algunos ejemplos.

El solar Corona, ciudad de Valencia. Foto: Mónica Torres, El País.

Campo de Cebada destaca por la gran repercusión social y mediática que tuvo (Premio Europeo del Espacio Público 2012, Golden Nica 2013, Premio de la XII Bienal Española de Arquitectura y Urbanismo, X Concurso de Buenas Prácticas patrocinado por Dubai 2014) por su rol dentro del barrio y del sistema de la ciudad y por los aprendizajes que deja una vez cesa su funcionamiento.

El modelo de Campo de Cebada

Con la crisis, muchas obras de infraestructura, en Madrid y otras ciudades, se paralizaron por falta de recursos. Esto supuso la aparición de solares, espacios vacantes o parcelas subutilizadas. La Plaza de la Cebada, luego Campo de Cebada, sería uno de estos tantos espacios diseminados en la ciudad: agujero de hormigón que queda por el derribo de un polideportivo.

Es con la instalación de una estructura temporal y efímera en el solar (City Island), como parte de la programación del II Festival la Noche en Blanco de Madrid (2010), que por primera vez se abre el espacio al barrio y a los vecinos, siendo el detonante de un diálogo generalizado sobre el destino y la función que un espacio como este podría tener para la comunidad.

De esta conversación abierta surge el Proyecto de Gestión Vecinal Campo de Cebada, una iniciativa que demandaba el uso comunitario del espacio en tanto estuviesen paralizadas las obras de un nuevo polideportivo, y que se constituye formalmente a través de una “Autorización de uso temporal y gratuito del inmueble de Titularidad Municipal” otorgada por el Ayuntamiento de Madrid (marzo de 2011).

Desde el 15 de mayo de 2011 y durante seis años ininterrumpidos, Campo de Cebada abrió sus puertas y funcionó bajo un modelo de autogestión impulsado por un grupo de vecinos y personas vinculadas al barrio, involucrados desde la formulación del proyecto.

El modelo de autogestión de Campo de Cebada, es la evolución del modelo heredado de “Esta es una plaza”, y puede describirse desde cinco aspectos.

  • El espacio. Se concibió como un espacio multifuncional y polivalente, de allí que fuera adaptado como plaza sectorizada en función de las actividades que fueran desarrolladas.
  • Los responsables. Por un lado, los responsables legales ante el Ayuntamiento (Federación Regional de Asociación de Vecinos de Madrid); por otro, el grupo gestor, seis-ocho vecinos que de forma voluntaria gestionaban el espacio. El ayuntamiento, los participantes y los organizadores de las actividades, fueron otros actores destacables.
  • La organización. El grupo gestor se valió de la Asamblea Ciudadana para coordinar las actividades, sopesar los impactos y establecer los supervisores de cada actividad.
  • Las actividades. Se realizaban con distinta periodicidad (cotidianas, programadas y eventos esporádicos). Todas eran gratuitas y no se le negaba la admisión a nadie.
  • Los recursos. Fueron materiales, objetos reciclados y donados que brindaron confort al espacio; humanos, personas con voluntad de ayudar (agentes externos como universidades, embajadas, asociaciones culturales, colectivos y gremios); y económicos, provenientes de (i) la aportación única realizada por el ayuntamiento, (ii) aportaciones voluntarias, (iii) dinero propio de los gestores, (iv) lo recolectado por crowdfunding, y (v) lo recibido por premios.

Campo de Cebada cierra sus puertas el 15 de diciembre de 2017 ante la tentativa de iniciar obras para la construcción del polideportivo proyectado. A pesar de ello, aún se espera la construcción del mismo, manteniéndose la parcela cerrada y sin uso. Vale destacar que, durante 2018, se llevó a cabo un intento de cogestión (ayuntamiento – vecinos no vinculados a la autogestión) a través de los Foros Locales de Participación del Centro de Madrid. Lamentablemente no tuvo el éxito esperado, ya que solo se realizaron contadas actividades que no lograron dinamizar el barrio.

previous arrowprevious arrow
next arrownext arrow
Slider

Lecciones aprendidas

Campo de Cebada fue el resultado de una serie de factores: el descontento con la gestión pública como punto de ebullición social; la necesidad de espacios ciudadanos y la existencia de espacios infrautilizados; falta de recursos económicos; existencia de un marco legal que reconocía formas de gestión compartida; y la existencia de un tejido social cohesionado y comprometido con el barrio.

Sin estos ingredientes, no se hubiese generado un proceso de autogestión y autoproducción de espacio público. De la experiencia se destacan como lecciones aprendidas:

  • La práctica de una iniciativa de base ciudadana.
  • La capacidad organizativa de los vecinos. Debe confiarse en los conocimientos empíricos de la gente. 
  • La participación eficiente que se hizo por medio de procesos ciudadanos de toma de decisiones. Las asambleas como fórmula para propiciar el debate.
  • El impulso de la creatividad y la innovación social. En escenarios con recursos limitados, los ciudadanos responden de forma ingeniosa y creativa.
  • La facilidad con la que puede replicarse un proceso de autogestión similar.
  • La importancia de los vacíos. Aprovechar estos espacios menospreciados, como potenciales espacios públicos para la ciudad, que puedan elevar los niveles de socialización de la comunidad. 

Por su parte, y desde una visión crítica, pueden ser consideradas como debilidades sobre las cuales reflexionar:

  • Falta de intercambio con otros actores en el proceso. La limitada o casi nula participación de actores políticos y económicos significó un logro, por ser la manera de no vulnerar los valores sociales del proceso. Sin embargo, significó también la falta de recursos, de apoyo y de reparto de cargas de responsabilidad.
  • Falta de generación de relevo. La falta de personas que quisieran comprometerse para continuar con la gestión, fue uno de los desencadenantes del cese del funcionamiento del espacio.
  • Falta de control y autocontrol en el accionar ciudadano. Siendo una iniciativa de carácter ciudadano donde todos son vistos como iguales, suele faltar una autoridad para hacer cumplir las normas. Frente a ello, fueron comunes situaciones de libertinaje y descontrol que entorpecían el buen funcionamiento del espacio.
  • Falta de documentación del proceso de gestión comunitaria. Esto significó una debilidad a efectos de que el proceso provocara cambios normativos.
  • Calidad cuestionable del espacio. El espacio tenía debilidades en su diseño y calidad, repercutiendo en la seguridad.

Participación más allá de lo temporal: el valor de lo físico

De unos años para acá, uno de los retos de la planificación urbana ha sido poner en el centro de las transformaciones al ciudadano a través de formas para estimular su participación. Pero, ¿ha tenido repercusión en la construcción de los espacios físicos de la ciudad? ¿cómo ha cambiado la forma de ver el diseño y la imagen de lo urbano? ¿ha perdido importancia el resultado sobre el proceso?

Hemos normalizado el hecho de que las iniciativas de marcado corte social, al contar con limitados recursos, suelen ser temporales y suelen materializarse bajo estándares de calidad cuestionables. Entonces ¿qué significa esto para la ciudad? ¿qué impacto tiene en la imagen que se va proyectando de los entornos urbanos?

Partiendo de ello, debe reflexionarse sobre el rol de la planificación en un momento donde la tendencia es pensar en la inmediatez de resultados, en el alto impacto, en el uso eficiente de recursos y en la priorización de la participación ciudadana sobre otros aspectos.

Entonces, desde la planificación urbana y sus agentes ¿cómo se pueden potenciar los efectos positivos de las iniciativas de base ciudadana, sin que ello signifique una apuesta a la proliferación de espacios efímeros con poca perdurabilidad en el tiempo? ¿cómo apostar por estas iniciativas sin que con ello estemos construyendo una ciudad a retazos? ¿cómo debe darse estabilidad a estos proyectos?, y ¿cómo convertirlos en un sistema de infraestructuras abiertas y sociales que se materialicen en lugares de calidad, sin que ello repercuta en el reconocimiento, la apropiación y la gestión vecinal que se da de ellos? Al final, se intenta reflexionar en torno a los procesos ciudadanos, a la relevancia que tienen y deben seguir teniendo, y cómo, al mismo tiempo, se debe recuperar el valor de lo físico y la visión de conjunto, aspectos que también importan.

Foto: Plataforma Arquitectura.

Foto de portada: María Carmona, Plataforma Arquitectura.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.