En la ciudad post-pandemia el transporte público será más clave que nunca

Publicado por José Manuel Guzmán el 22 de Julio de 2020

Ante la pandemia resulta contraproducente estigmatizar el transporte público, hay que entender su rol y las medidas para mantenerlo funcionando.

Todos conocemos la historia. El diario El País publica un artículo titulado “Radiografía de tres brotes: así se contagiaron y así podemos evitarlo” que nos narra cómo en China se produjo un evento de supercontagio de COVID-19 en un autobús y el estudio que así lo cuenta. En un instante todas nuestras suposiciones sobre lo inseguro y contagioso que es el transporte público se vuelven realidad. De hecho, este ha sido uno de los medios de transporte más golpeados por esta pandemia. De acuerdo con datos de la plataforma Moovit, con excepción de Montevideo, el uso de transporte público colapsó en toda la región.

Cambio en el uso del transporte público. Los datos muestran el uso de la aplicación de Moovit de la última semana y lo compara con una semana típica previo a la pandemia (semana previa al 15 de enero). Fuente: Moovit.

Sin embargo, Alejandro Tirachini, Profesor de Ingeniería Civil de la Universidad de Chile, plantea algunas preguntas importantes en su artículo en Medium sobre la historia del bus en China. Por ejemplo, ¿cuál fue el rol del aire acondicionado en la propagación del virus en el autobús? o ¿qué hubiera pasado si todos estuvieran usando mascarilla?. Desde una primera mirada, es obvio que el confinamiento dentro de un autobús es un factor de alto riesgo de contagio, pero viendo países como Japón o Austria este no ha sido el caso. Este último punto es quizás el dato más ignorado en el artículo de El País. Entonces… ¿es seguro o inseguro el transporte público?

¿Cómo se contagia el COVID-19?

Lo que ahora sabemos con más certeza sobre el coronavirus es que el principal medio de contagio son las gotas y aerosoles que se generan al hablar, cantar, gritar o estornudar. En consecuencia, los factores de riesgo más importantes para evitar el contagio son la distancia de la persona contagiada, el tiempo de exposición al virus y la concentración del virus en el aire (por ende la importancia de la ventilación natural). Aunque también se habla del contacto con superficies, todavía no se ha registrado algún caso que se produzca de esta forma.

Tomando atención a estos factores de riesgo, lo lógico de cualquier política de prevención es poder reducirlos al mínimo de manera de evitar el contagio de forma masiva. Es por eso que las principales recomendaciones que se dan actualmente tienen que ver con el distanciamiento físico (para reducir la posible exposición al virus), el uso de mascarilla, el lavado de manos y superficies y, sobretodo en espacios cerrados, promover la ventilación natural.

¿Cómo afecta esto al transporte público?

Si miramos el transporte público a partir de estos factores de riesgo, es lógico pensar que es fácilmente un foco de infección. Sin embargo, diversos estudios no apoyan este razonamiento. En Austria, por ejemplo, de 749 grupos de contagio estudiados entre abril y mayo, no se encontró algún origen en el transporte público. En un estudio similar hecho en Japón se llegó a la misma conclusión. Por otra parte, una encuesta realizada en mayo a 1.300 pacientes en los hospitales de Nueva York mostró que solamente un 4% usó el transporte público. Por último, en París, ninguno de los 150 grupos de contagios detectados entre mayo y junio fueron en el transporte público.

En todos estos estudios, los principales grupos de contagio se encontraban en centros de salud, alojamientos para adultos mayores, gimnasios, bares y sitios parecidos donde también se producen aglomeraciones.

En cualquier caso esto no quiere decir que el transporte público no sea riesgoso de utilizar, todo dependerá de las medidas que se puedan tomar para reducir el riesgo de contagio. Sin embargo, es necesario estudiar bien cómo impactan estas medidas para poder tomar acciones. Por el momento, no pareciera que suspender el transporte público sea necesariamente una medida efectiva tomando en cuenta que, por ahora, no es de los lugares donde es más propenso contagiarse. Incluso, un metaanálisis sobre las medidas de distanciamiento físico en 149 países, publicado en el British Medical Journal, concluyó que no se generaron beneficios adicionales al cerrar el transporte público cuando se implementaron otras cuatro medidas de distanciamiento físico (cierre de escuelas, cierre de lugares de trabajo, restricciones en reuniones masivas y cuarentenas).

El impacto económico de la pandemia en el transporte público (y para quienes lo usan)

Otro gran problema de la caída en el uso del transporte público ha sido la reducción en los ingresos. Aunado a los gastos por higienizar las unidades de transporte, cada vez se ha hecho más difícil que los sistemas de transporte permanezcan a flote. Según un estudio de Alejandro Tirachini y Oded Cats en el Journal of Public Transportation, en Nueva York la Autoridad de Transporte Metropolitana (MTA) está pidiendo una ayuda por USD $4 billones de dólares; en Holanda, este monto es de €1,5 billones de euros; en Suecia cerca de USD $325 millones de dólares; mientras que en Chile el gobierno nacional asumirá hasta el 80% de las pérdidas del sistema de transporte público.

Pero lo más grave de este derrame económico no es sólo que colapsen los sistemas de transporte de la ciudad, sino su impacto en quienes más dependen de ellos. La desmovilización producto de la pandemia y las pérdidas económicas y de empleo que esto conlleva ha afectado predominantemente a sectores más desasistidos, la gran mayoría trabajadores esenciales, quienes no pueden hacer teletrabajo y además dependen del transporte público. En Chile, por ejemplo, son los hogares de más alto ingreso quienes han dejado de viajar en transporte público.

Fuente: Alejandro Tirachini et al. ($: CLP Peso Chileno, CLP 800= USD 1).

¿Qué podemos hacer al respecto?

El objetivo principal de una política de transporte durante y post-pandemia tiene que ser permitirle al transporte público funcionar con la mayor capacidad posible siguiendo todas las medidas de prevención necesarias para reducir el riesgo de contagio al mínimo. Un punto de partida es la recomendación del Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar de Japón con su enfoque de evitar las 3 Cs: espacios cerrados con poca ventilación (closed spaces), sitios aglomerados (crowded spaces) y ambientes que permitan el contacto cercano (closed-contact settings).

En consecuencia, es necesario que quienes deban usar transporte público puedan mantener una distancia de al menos 1 metro, usar mascarillas que cubran boca y nariz, no hablar durante el viaje y evitar la interacción con los operarios del sistema. Asimismo, reducir la duración de los viajes es otra medida que se puede tomar, entendiendo que mientras más tiempo estamos en el transporte público es mayor la probabilidad de estar expuestos.

Quienes operan los sistemas de transporte o planifican la movilidad de la ciudad también pueden tomar medidas adicionales: limpieza de buses al menos una vez al día, mantener abiertas las ventanas, demarcación de distanciamiento físico en unidades, separación de conductores y pasajeros, y gestión de oferta y demanda.

“Evita las «Tres Ces»”. Fuente: Ministerio de salud, trabajo y bienestar de Japón.

Estos últimos dos puntos son quizás los más importantes por la necesidad de poder reducir las aglomeraciones. Cuando se habla de gestión de demanda, esto significa disminuir la necesidad de desplazamiento de las personas en transporte público al mismo tiempo, sea esto modificando los tiempos de viaje o reduciendo la demanda de viajes cortos que pudieran realizarse a pie o en bicicleta. En cambio, la gestión de la oferta implica tomar las medidas que mejoren el nivel de servicio del sistema de transporte público, las cuales pueden ser el aumento del número de unidades o aumento de la frecuencia de buses (la cual se puede lograr con más buses o con buses más rápidos, es decir con vías exclusivas para buses).

Reducción de peak de demanda por distribución horaria de viajes en CDMX. Fuente: @pedestre en Twitter.

Pensando hacia adelante…

A pesar de todas las necesidades que hoy compiten por recursos desde los gobiernos centrales, es fundamental que no olvidemos el transporte público. Por una parte, nuestras calles no dan abasto para un retorno basado en el vehículo privado, que impone un costo inmenso en quienes menos tienen, y por otro, porque no es posible medir el valor del transporte público por el dinero que genere, siendo mayores los demás beneficios que aporta, como la reducción de siniestros viales (que produce 1.35 millones al año), menos contaminación del aire (que genera 4.2 millones al año), reducción de la congestión, desarrollo económico, entre otros.

En la ciudad post-pandemia, el transporte público será mucho más importante de lo que es ahora. Incluso, ya en Nueva York por primera vez en su historia los buses están moviendo más personas que el metro. Si bien es cierto que son muchas las medidas que deben tomarse y que la respuesta está en ir transformando la movilidad hacia una mezcla entre caminar, la bicicleta y el transporte público, hoy es el momento de apostarle a fondo. A fin de cuentas, el verdadero reto de la ciudad siempre será mover más personas.

Foto portada: Cam Pac Swire. Flickr.

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