POPS en el corazon de Manhattan

Las plazas urbanas de Nueva York

Publicado por Alexandra Paty el 09 de Marzo de 2021

Ubicados en propiedad privada y altamente regulados por la zonificación, son oasis en la ciudad y laboratorio urbano para los planificadores.

Los espacios públicos pequeños diseminados en las ciudades, o parques de bolsillo, pueden cumplir roles distintos de acuerdo a su ubicación y contexto. En Caracas buscábamos construir pequeños espacios públicos dentro de los barrios para crear mini oasis cercanos a los hogares y escuelas que sirvieran de lugar de encuentro diario para la comunidad. Por otro lado, Manhattan se caracteriza por sus múltiples centros financieros, con rascacielos y aceras conglomeradas de ávidos transeúntes que buscan avanzar rápidamente hacia su destino, esquivando lo que está al paso, desde turistas embelesados con la magnitud de la ciudad hasta los bolardos o comerciantes ambulantes en las aceras. Los espacios privados de disfrute público, o POPS por sus siglas en inglés (privately owned public spaces), cumplen esa misma función de oasis dentro de tanta actividad en toda la ciudad.

Los POPS son generadores de espacio público en propiedad privada

Introducidos en 1961, los POPS son facilitados por la zonificación de la ciudad como mecanismo de generación de espacio público en propiedad privada, a cambio de capacidad de construcción o exenciones de zonificación en distritos residenciales y comerciales de media y alta densidad. La configuración y diseño de estos espacios son normados al detalle por el Departamento de Planificación de la Ciudad.

Dichas normas han sido actualizadas numerosas veces por iniciativa de diversos actores, con la más reciente modificación en 2019 a partir de una ley local por iniciativa del Concejo de la Ciudad. Ésta incluyó expandir el universo de aplicabilidad para sumar aquellos espacios públicos facilitados a través de la aprobación de acciones de zonificación discrecionales, requerir más jurisprudencia de las agencias de gobierno y publicidad de su carácter público, mientras se aprobaron nuevos estándares de diseño y mobiliario urbano permitido, así como la actualización de la base de datos pública de los mismos.

Los POPS pueden ser plazas, ensanchamientos de aceras y galerías. Un espacio es considerado exitoso cuando va alineado con los principios de diseño urbano del Departamento, donde:

  • El espacio es amable y abierto a las aceras.
  • El espacio es accesible.
  • El espacio se siente seguro y  protegido.
  • El espacio es cómodo y atractivo.

Algunos de los estándares de diseño normados en la zonificación son:

  • La proporción, tamaño, ubicación y orientación del espacio público en relación al edificio propuesto y al contexto.
  • Los detalles de paisaje como lo son las graderías, las jardineras y demás espacios verdes y su relación con los espacios duros como las caminerías, los asientos y el pavimento.
  • Las especificaciones de diseño de elementos específicos como los asientos, las placas con las normas de uso o la iluminación de los espacios.

A su vez, los POPS evolucionan para adaptarse a las dinámicas urbanas, así como para dar respuesta a las demandas sociales por espacios más humanos y mejor diseñados, auspiciados por el activismo de próceres urbanos como Jane Jacobs, Jan Gehl y William H. Whyte.

Un ejemplo de ello es la actualización del 2019 que ahora permite la incorporación de mesas y sillas movibles para uso público, cuando antes estaba prohibido en las galerías y plazas. Este simple gesto hace los espacios más habitables y permite el multiuso orgánico de espacios dominados solo por pavimento duro e inhóspito. Adicionalmente, se actualizaron los requerimientos para que todo espacio tenga múltiples señalizaciones indicando su carácter público. De esta manera debe quedar claro que el espacio es para disfrute público aún en los confines de un desarrollo privado.

Los POPS como laboratorios de observación urbana

En la década de los sesenta, Whyte estudió cómo las personas respondían a diversas condiciones urbanas. Su metodología se basó en lo que permitía la época: observación, fotografía y video. Sus notas, plasmadas en «Street Life Project», buscaron explicar cómo es el comportamiento humano en pequeños espacios públicos.

Portada del libro compilatorio por William H. Whyte

El libro y el film – The Social Life of Small Urban Spaces – lograron promover el mensaje en la profesión, tanto en el sector público como privado: los pequeños espacios públicos son laboratorios de observación e intercambio urbano con alcance metropolitano. Aprender cómo funcionan permite mejorar las normativas y las estrategias de diseño, no sólo asegurando el éxito de los espacios en sí, sino la posibilidad de replicarlos a mayor escala y en distintos contextos. A partir del trabajo desarrollado por Whyte hace casi 40 años, el laboratorio de investigación de la firma SWA ha publicado una nueva guía: ‘Field Guide to Life in Urban Plazas: A Study in New York City’. Desarrollado por Emily Schlickman y Anya Domlesky, el documento busca redefinir los patrones de comportamiento social en las ciudades mediante el estudio de cómo son utilizados los espacios públicos ahora.

La guía redefine cómo se aprecian los patrones de comportamiento en espacios públicos para refinar estrategias de diseño y políticas de suelo y zonificación en el siglo XXI. Utilizando la misma metodología de Whyte – observación, captura de imágenes y videos – y combinándola con avances tecnológicos de hoy como el análisis de datos y machine learning and analytics software, se procesan los videos y generan mapas de calor que permiten visualizar las áreas más o menos transitadas de los espacios públicos.

El resultado es un índice de 25 comportamientos observados en 10 espacios públicos de Manhattan que informan sobre cómo los neoyorquinos transitan, ocupan y habitan estos espacios, así como una metodología de investigación valiosa y replicable en otros ámbitos en el universo de los espacios de dominio público.

Lo observado

Imagen ejemplo del análisis en una plaza urbana de Manhattan

Fuente: SWA.

Las personas tienden a ocupar la periferia de los espacios antes de ocupar el centro (el efecto dona), incluso prefieren habitar solos los espacios, escogiendo un punto elevado, con buena visibilidad, con respecto al resto del espacio. Adicionalmente, los espacios intermedios – entre un espacio abierto y otro arbolado – son preferidos para ser ocupados por todos los usuarios, o aquellos cercanos a paredes, respaldos o elementos bajos como macetas urbanas.

Los jóvenes prefieren estar echados en el espacio público, en vez de sentados o parados. Son ellos, además, los que prefieren los espacios bidireccionales, donde pueden ser espectadores e intérpretes. También se observó que es de preferencia congregarse alrededor de un objeto y grandes grupos prefieren aquellos objetos movibles, como mesas y sillas.

Las vistas icónicas atraen gente, incluso si el espacio no es accesible (vista-filia) y mientras más expuestos al sol, mejor en la Ciudad de Nueva York. Se prefiere ver hacia la calle o una caminería con alto flujo de peatones.

En cuanto a activación, las intervenciones temporales también son atractores de usuarios. Si la plaza tiene una superficie reflectora como un espejo de agua, chorritos o esculturas, es altamente probable que los visitantes habiten alrededor de ello. Las entradas anchas y transversales a las aceras garantizan el uso permanente y fluido de la plaza. Si en los accesos hay un elemento que permita descanso, cualquier caminante puede sentarse y tomar descanso en su camino. Incluso el sentarse no depende de un banco, ya que cualquier objeto o superficie puede ser utilizado como tal y más si permite elevar los pies. Las caminerías con variación mínima canalizan con rapidez a los transeúntes. Sin embargo, aquellas que incorporan asientos a su alrededor hacen que la velocidad al caminar disminuya.

El avance de la categorización no solo habla de cómo los neoyorquinos se han adueñado más de sus espacios públicos, sino de la evaluación en diseño y usos de suelo que rodean estos espacios. La «guía de campo» detecta, analiza y propone metodologías de diseño para incentivar la ocupación perimetral, la aglomeración hacia una vista, la incorporación de un objeto reflector como atractor, así como acentuar el tránsito o crear momentos que permita al usuario aislarse para tomar un café o leer a escasos pies de la corriente urbana.

¿Hacia dónde va la observación de los espacios públicos?

Ejemplo de un POPS en el corazon de Manhattan durante la pandemia

Fuente: Jesse Hirawaka.

La mayoría de los POPS en Manhattan fueron diseñados por la firma SWA, así que no sorprende que sea la misma la que haya decidido revisitar y actualizar el estudio de Whyte en estos espacios. Ahora, ¿es necesario categorizar comportamientos que se quieran producir en los espacios públicos a través del diseño? Pensando como arquitectos, parte del proceso de diseño es experimentar cómo los elementos crean espacio y los mismos usuarios lo transforman.

Quizás este estudio es aún más útil para aplicar en aquellos espacios en desuso, inactivos o mal mantenidos, y utilizar este menú para estrategias de rehabilitación. Quizás pudiese promover una nueva escala normativa, como la existente en la ribera urbana de la ciudad que especifica hasta el diseño de las papeleras y las rendijas para asegurar que los espacios sean creados en aras de generar ciertos o diversos comportamiento. ¿Quién es la última persona que diseña un espacio público: el planificador, el usuario o el arquitecto? Picasso solía decir que el último brochazo de pintura en un cuadro era dado por el ojo humano. Yo soy de las que cree que lo mismo pasa al habitar un espacio público.

Foto de portada: Alexandra Paty Díaz.

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