En un mundo que envejece ¿cómo serán sus ciudades?

Publicado por José Manuel Guzmán el 17 de Noviembre de 2020

Para el año 2100, el 22% de la población mundial será mayor de 65 años. El momento de adaptarse empieza ahora.

En el año 2018, por primera vez en nuestra historia la población global mayor a 65 años superó a los menores de cinco. En el mundo, el envejecimiento poblacional y la vida en ciudad serán las tendencias dominantes hacia el futuro y lo que se conoce como la “tercera edad” comenzará a representar dentro de poco una fuerza importante difícil de ignorar.

Envejecimiento en regiones del mundo. La línea muestra el año donde la población mayor a 65 superará a la menor a 15 años. Fuente: Our World in Data.

Los países que empiecen a adaptarse a esta transición de forma temprana seguramente serán los más beneficiados. Construir ciudades para una población cada vez mayor será sin duda un desafío gigantesco pero necesario. Pero, ¿cómo se construye una ciudad amigable con la tercera edad?

El envejecimiento como enfoque urbano

¿Qué diferencia a las ciudades que tenemos ahora con una amigable con la tercera edad? Mucho y al mismo tiempo nada. Tener una ciudad que responda a las necesidades de los adultos mayores efectivamente requiere cambios en sus políticas y su entorno construido para responder de forma adecuada a las capacidades y recursos de las personas mayores, anticipándose y respondiendo de forma flexible a las necesidades y preferencias relacionadas con el envejecimiento.

El desafío al que nos enfrentamos en la actualidad, es avanzar hacia un enfoque que permita a las personas mayores vivir con más independencia, superando las barreras impuestas por la forma en que construimos las ciudades y redefiniendo los modelos existentes enfocados en el cuidado y la salud.

En Singapur existe la política de las “Zonas Plateadas”, lugares de alta concentración de adultos mayores donde se realizan intervenciones para mejorar la seguridad en las intersecciones. Fuente: The Straits Times.

¿Cómo construimos una ciudad para envejecer?

Alrededor del mundo, existen cientos de ciudades que están trabajando en adaptarse para una población envejecida sentando las bases de un nuevo modelo de ciudad. En este sentido, la Organización Mundial para la Salud (OMS) estableció una Red Mundial de Ciudades y Comunidades Adaptadas a las Personas Mayores de la cual se originó una guía del año 2007 titulada Ciudades Globales Amigables con Los Mayores: Una Guía. Dicho documento establece una lista de acciones o elementos a considerar para adaptar la ciudad en materias como espacios públicos, transporte y vivienda hacia un envejecimiento más activo.

Por otro lado, la consultora internacional Arup en un informe titulado Ciudades Vivas: Diseñando para Comunidades que Envejecen define varios desafíos de adaptación que enfrentan las ciudades alrededor del mundo, destacando los siguientes temas:

  1. Autonomía e independencia: la movilidad de la población mayor es clave para su sentido de autonomía. Esto recae no sólo en tener buena infraestructura que facilite la movilidad, sino también cercanía de las actividades, servicios y necesidades que deban ser satisfechas. La accesibilidad, la presencia de bancas y baños, el tráfico y la falta de transporte público son factores que inhiben la autonomía de la población mayor.
  2. Salud y bienestar: el diseño de la ciudad influye de forma importante en la actividad física y la salud mental de la población adulta. El fomento del uso de espacios públicos y la facilidad en el acceso a actividades y programas comunitarios son claves para mantener el cuerpo y la mente sanos.
  3. Conexión social: la sensación de conexión con otros es un elemento clave para la salud mental de los adultos mayores y es un factor que está altamente influenciado por la manera como construimos la ciudad. Permitir la participación en procesos públicos de los más adultos, facilitar el acceso a espacios sociales y mantenerse en sus comunidades son maneras de mantener la conexión social de la población mayor en la ciudad.

¿Por dónde empezamos?

Aunque puede ser difícil saber cuál es el punto de partida para tener ciudades más amigables con los adultos mayores, mirar ejemplos y referentes de otras latitudes es una manera rápida y práctica de identificar dónde dar el primer paso en tu ciudad. A continuación mostramos algunos casos:

  1. Toyama, Japón: una ciudad compacta para un envejecimiento robusto

La ciudad de Toyama tiene años trabajando en desarrollar un modelo de ciudad compacta para promover su recuperación económica. En el marco de esta estrategia, la visión de una ciudad amigable con el envejecimiento está en todo el centro. La principal estrategia en este proceso ha sido invertir en mejorar el transporte público (buses y tren ligero) y brindar subsidios para que la población se mude a estos corredores de transporte. Al mismo tiempo, como parte de los proyectos de la ciudad se construyó un centro para los adultos mayores que los apoya en mantenerse saludables en su proceso de envejecimiento, al igual que viviendas en alquiler enfocadas en personas mayores. Todo con el objetivo de mantener a los adultos mayores independientes. Los efectos de estas políticas han sido muy positivos: entre 2010 y 2012, hubo un aumento del 45% en las mujeres mayores de 65 años que usan el transporte público.

El Centro de Prevención y Cuidados Kadokawa, tiene como finalidad promover el envejecimiento activo y reducir los costos del sistema de salud pública. Imagen: Tokyo Development Learning Center. Fuente: World Bank TDLC. Twitter.

  1. Baltimore, Maryland, EEUU: adaptando las viviendas para el envejecimiento

En la ciudad de Baltimore la doctora Sarah Szanton ideó un programa revolucionario llamado CAPABLE (Community Aging in Place, Advancing Better Living for Elders), que pudiera traducirse como “envejecimiento comunitario en el lugar, mejorando la vida de los adultos mayores”. Mediante un equipo compuesto por una enfermera, un terapeuta ocupacional y un maestro de construcción, el programa permite a los beneficiarios adaptar su hogar para cumplir sus metas de independencia y movilidad. El objetivo final es reducir los costos de Medicaid (sistema de salud pública en EEUU) invirtiendo recursos en los hogares para reducir la necesidad de visitas médicas y hospitalizaciones, para aumentar la calidad de vida de las personas de la tercera edad.

A través de la implementación de este programa, una inversión de USD 3.000 logró reducir en gastos de salud un total de USD 20.000 en costos médicos. CAPABLE es un gran ejemplo de un programa enfocado en mejorar el entorno de la vivienda con impactos positivos.

  1. Manchester, Reino Unido: redefiniendo lo que es una ciudad para envejecer

Desde el año 2015, el programa Ambición por Envejecer (Ambition for Ageing) ha estado funcionando en el Gran Manchester con la misión de crear lugares más amigables para las personas mayores y capacitar a las personas para que vivan una vida plena a medida que envejecen. Durante los últimos cinco años este programa ha involucrado a alrededor de 21.000 adultos mayores en el desarrollo de 1385 programas locales en varios distritos y vecindarios del Gran Manchester. Las actividades financiadas más comunes estaban vinculadas con las acciones sociales, actividad física y espacios públicos. Algunos de los resultados obtenidos de la evaluación del programa fueron los siguientes:

  • La remoción de barreras físicas destacó en varios de los proyectos y aumentó las tasas de participación;
  • Las conexiones en el vecindario reportaron mejoras;
  • La proporción de personas mayores que participan digitalmente aumentó durante el programa;
  • Los voluntarios informaron aumentos en sus percepciones de vecindad amigable con las personas mayores a través de puntajes de percepción del vecindario: la puntuación de 21+ de 30 mejoró del 70% al inicio a 80% al final.

Formado en 2019, el grupo de arte de Heaton es parte de las actividades apoyadas por el programa de “Campeones de la Cultura” de Ambition for Ageing. Fuente: Bolton at home.

Avanzando hacia ciudades amigables para la tercera edad

Todas las intervenciones que nos permiten adaptar las ciudades para hacerlas amables con el envejecimiento poblacional que se avecina, tienen como objetivo facilitar la independencia física y mejorar la conexión social de los adultos mayores con su entorno. Una parte clave de este proceso es poder medir cómo estas transformaciones efectivamente nos empujan a lograr este objetivo.

De acuerdo con una guía de las Naciones Unidas para medir el grado de adaptación de las ciudades con las personas mayores, las dos áreas básicas de análisis están relacionadas con un entorno físico accesible y uno social integrador. En ellos, se desarrollan indicadores en diversas temáticas como la facilidad de tránsito peatonal, la accesibilidad a espacios públicos, la participación en empleos, la disponibilidad de servicios sanitarios y sociales, entre otros. Aunque existen muchas maneras de medir cómo las ciudades pueden irse adaptando a las necesidades y demandas de la población más adulta, este documento es un buen punto de partida.

En China, la actividad física ha sido promovida para que los adultos mayores tengan vidas más activas. Esto ha incluido la construcción de zonas de ejercicios en parques y plazas. Fuente: _chrisUK. Flickr.

No hay duda de que este es un proceso indetenible. Probablemente las grandes ciudades del mundo puedan mantener una población joven producto de las migraciones en busca de oportunidades y empleo, sin embargo cada vez más ciudades deberán comenzar este proceso de adaptación cuanto antes. La ciudad pensada y organizada para un adulto joven no parece ser el futuro de nuestras urbes; en cambio, y como hemos visto en los distintos ejemplos, una ciudad que se adapta y busca satisfacer las demandas y necesidades de los adultos mayores no sólo es una mejor ciudad para ellos, sino que también es una mejor ciudad para todos.

Foto portada: En 2015, la organización Covivienda de Mujeres Mayores (Older Women’s Cohousing) inauguró el primer edificio de co-vivienda en el Reino Unido. Fuente: Housing for Women.

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