Subterranean cities

Ciudades subterráneas: ampliando las fronteras urbanas

Publicado por Adonay Perrozzi el 11 de Julio de 2021

Las ciudades han empezado a reconocer el suelo bajo nuestros pies como una alternativa para el crecimiento urbano.

Pasillos ocultos, túneles y centros de actividades ilícitas forman parte de la historia subterránea de nuestras ciudades, las cuales poco conocemos. El uso del espacio subterráneo tiene una larga historia y su utilización ha estado denotada por diferentes actividades y distintas necesidades. Si bien el subsuelo suele carecer de importancia en nuestras actividades cotidianas actuales, casi todos los servicios públicos que permiten el funcionamiento de las ciudades se localizan en él. Desde el siglo XX los sistemas de transporte público masivo como el metro han permitido la movilización de miles de usuarios diarios de forma cada vez más rápida, no obstante, representan solo una parte del entorno urbano que conforma el subsuelo.

Ante la constante necesidad de proveer espacio adicional en áreas densamente pobladas y de rápido crecimiento, se ha empezado a reconocer nuevamente el valor del espacio subterráneo para el desarrollo urbano. La presión por la expansión urbana, la congestión y las condiciones climáticas han impulsado a que cada vez más ciudades reconozcan el subsuelo como una opción válida para seguir creciendo.

Nuestra historia subterránea: De espacios de refugio a redes de conexión

La mayoría de las ciudades que emprendieron iniciativas de construcción subterránea lo hicieron en el marco de un contexto de guerras y conflictos políticos en donde la supervivencia se localizaba bajo la superficie. Afortunadamente, estas construcciones no fueron necesarias para el propósito previsto, lo que impulsó su reutilización como espacios comerciales, de negocios y recreación. Estos proyectos marcaron la pauta para muchas ciudades que hoy reconocen el valor del uso subterráneo bien sea para proveer suelo para actividades productivas, como uso recreativo, para el transporte o como espacio de refugio ante distintos contextos.

De refugio contra las guerras a centros de comercios y recreación

La ciudad subterránea de Beijing sirvió como refugio antiaéreo y defensa militar durante el conflicto fronterizo chino-soviético en 1969. En ese entonces, el presidente Mao Zedong ordenó la construcción de refugios subterráneos contra bombas en caso de un ataque nuclear, lo que resultó en más de 30 kilómetros de túneles construidos entre 1969-1979. El área de 85 kilómetros cuadrados, emplazada de ocho a 18 metros bajo la superficie, pretendía albergar a más del 40% de la población de la capital con provisiones para al menos 4 meses.

Para fortuna de la población, los refugios nunca se utilizaron para dicho propósito. Para no desperdiciar el gigantesco esfuerzo de la construcción de túneles, la Oficina de Defensa Civil del gobierno chino instruyó a los ciudadanos a comercializar los refugios y obtener ganancias de ellos. Muchos se convirtieron en restaurantes, cines, comercios y fábricas pero, sobre todo, la iniciativa promovió la proliferación de viviendas subterráneas con fines de lucro.

Al igual que Beijing, en la década del 60’ y bajo el contexto de la Guerra Fría, Helsinki inició un proceso de construcción de refugios debajo de la superficie. Ante la cercanía geográfica entre Finlandia y Rusia, el gobierno finlandés se dispuso a excavar y construir búnkeres como resguardo ante lluvias radioactivas y ataques nucleares. Incluso hasta hoy día muchos de estos espacios siguen equipados para convertirse en eventuales centros de refugio. Este impulso promovió el uso del subsuelo para otras actividades que se fueron consolidando en las siguientes décadas. Mientras la mayoría de las grandes ciudades cuentan con un sistema de metro subterráneo, Helsinki tiene una multitud de instalaciones cívicas y recreativas como piscinas, pistas de hockey, iglesias, museos, parques de patinaje, centros comerciales y la estación de autobuses subterránea más grande del mundo que transporta a 170.000 personas al día.  

Zonas de resguardo climático

A diferencia de ciudades como Beijing o Helsinki cuya construcción subterránea inició como espacios de refugio ante guerras, otras ciudades se han visto inspiradas en este modelo en busca de otro tipo de resguardo: contra el clima extremo. El acondicionamiento de túneles y pasillos subterráneos son una forma de moverse por la ciudad con comodidad y seguridad ya que son sistemas de circulación climatizados y sin interrupciones por el tráfico. El Pedway de Chicago, RESO en Montreal y el PATH de Toronto son redes de pasajes subterráneos que permiten la movilización de personas de forma segura ante las extremas condiciones climáticas que suelen vivir dichas ciudades.

Pedway, Chicago, Estados Unidos

Serie de túneles que conectan más de 50 edificios de oficinas, centros comerciales, estaciones de tren y estacionamientos. Se extiende por más de 40 cuadras del Distrito de Negocios de Chicago (más de ocho kilómetros). 

La primera sección del Pedway se completó en 1951 sirviendo de conexión entre dos líneas de tren. Posteriormente, varios planes integrales instaron la conexión subterránea entre edificaciones importantes, especialmente gubernamentales, como el Ayuntamiento, el Edificio de Oficinas del Condado de Cook, la Corte del Centro Daley, el Centro Thompson y las Instalaciones de la Secretaría del Estado de Illinois.

Hoy día cuenta, además, con una increíble variedad de negocios y actividades como tiendas, galerías, restaurantes, estaciones de tren, centros de conferencias, hoteles, oficinas, vestíbulos de torres, estacionamientos, museos, entre otros.

Foto arriba: City of Chicago.
Foto abajo: John Greenfield.

RESO, Montreal, Canadá

Es considerada la red subterránea más grande del mundo con 32 kilómetros de corredores. Cuenta con 200 puntos de acceso que permiten el ingreso a este enorme complejo.

Las primeras secciones se construyeron en 1962 con el objetivo de facilitar la movilidad peatonal en un entorno protegido, especialmente conveniente durante la época invernal. Inició su operación en 1966 y hoy día permite que más de 500.000 personas se movilicen diariamente independientemente de las condiciones meteorológicas.

RESO cuenta con más de 2.000 negocios como tiendas y restaurantes, cerca de 20 museos, siete paradas de metro, cines, una biblioteca y conecta una diversidad de hoteles, galerías, escuelas y edificios de apartamentos.

Foto arriba: Société de transport de Montréal.
Foto abajo: Stéphan Poulin.

PATH, Toronto, Canadá

Esta vasta red de pasillos subterráneos de 30 kilómetros conecta a más de 75 edificios de oficinas y hoteles y 1.200 tiendas, restaurantes y servicios. Por el PATH se movilizan alrededor de 200.000 usuarios diarios.

El primer túnel se construyó en 1900 entre dos grandes almacenes y fue a partir de 1964 cuando se previó la expansión de esta red ante el escaso espacio en las aceras del Distrito Financiero. Dado que la localización de actividades en el centro económico de la ciudad privilegiaba a los grandes conglomerados comerciales, el comercio minorista fue ganando terreno en el espacio subterráneo ya que estaban exentos de restricciones de densidad y otras regulaciones. La rápida expansión se vio impulsada por la iniciativa de la ciudad de dividir los costos de construcción de los túneles con los propietarios de los edificios.

Accesos sistemas PATH, RESO y Pedway. Fotos: Tour by Transit Toronto, Istock, Chicago Tribune.

Una alternativa sustentable

Además de construir refugios contra las guerras, servicios públicos y de proveer espacios recreacionales que hoy día suman más de 10 millones de metros cuadrados, Helsinki decidió aprovechar al máximo la construcción subterránea. El suelo de la ciudad se basa casi en su totalidad en granito, lo que hace que la construcción bajo tierra sea mucho más sencilla y económica. Pero además de los costos de construcción, las propiedades aislantes del granito han sido utilizadas por el gobierno municipal para termorregular la ciudad.

En lugar de almacenar gas o petróleo en depósitos subterráneos, la ciudad ahora almacena su agua fría y caliente debajo de la superficie ya que el granito evita que la temperatura cambie drásticamente y, a su vez, reduce la necesidad de usar energía adicional para mantener o alterar esas temperaturas.

Sistema de múltiples conexiones

Una de las ciudades que ha aprovechado al máximo el uso de áreas subterráneas es Tokio. El gobierno metropolitano de la ciudad cuenta con aprox. 63.000 áreas subterráneas que unen pasillos peatonales, sistemas de metro y complejos comerciales. Las ocho áreas comerciales subterráneas más grandes de la capital suman aprox. 214.000 metros cuadrados.

El desarrollo del subsuelo de Tokio inició en 1927 con la Línea Ginza del metro y en 1930 se abrieron las primeras tiendas alrededor de las estaciones. Hoy día el metro opera 179 estaciones que transportan a más de 6 millones de pasajeros todos los días por lo que, ante tantos usuarios, se decidió aprovechar el espacio para interconectar a decenas de edificaciones por las que transita la red de transporte. La relación entre el espacio subterráneo y la superficie se ha convertido en una simbiosis interdependiente y armoniosa para los ciudadanos.

El espacio subterráneo de Tokio es un sub-mundo en sí mismo. Las líneas de metro se esquivan, se sumergen y se elevan unas sobre otras, al tiempo que también evitan otras instalaciones de servicios públicos como tuberías de agua, gas, electricidad, sistemas de comunicaciones y estacionamientos subterráneos. Por ejemplo, solo 11 cm separan la línea Fukutoshin y la línea Shinjuku. La demanda por expandir las líneas de metro a medida que sigue creciendo la ciudad, ha derivado en que tanto el gobierno municipal como los desarrolladores llegaran a un acuerdo para construir cada vez más profundo de modo que las líneas adicionales pudieran evitar las existentes.

El sistema subterráneo de Tokio conecta las múltiples líneas de metros así como diferentes actividades. Foto de la izquierda: Wikimedia Commons. Foto de la derecha: Dualstock.

¿Cómo planificar el espacio subterráneo?

Al igual que el desarrollo urbano en superficie, el espacio subterráneo debe estar supeditado a distintas regulaciones o consideraciones para que su planificación y gestión cumpla con los propósitos establecidos y asegure una relación armónica entre todas las actividades que albergue. Una diversidad de factores puede afectar la planificación del espacio subterráneo, por lo que indicamos algunas consideraciones que deben formar parte del debate según la experiencia que han transitado distintas ciudades:

  • Límites de profundidad: entendiendo que el subsuelo alberga distintos servicios como redes de transporte e infraestructura básica, es indispensable establecer los límites constructivos bajo nuestra superficie. Algunas ciudades como Helsinki limitan el derecho de uso del espacio subterráneo a seis metros y, en caso de que el propietario de una determinada edificación desee desarrollar a profundidades superiores, requerirá de un permiso de construcción específico. En 2015, Singapur también adoptó el enfoque de limitar la propiedad subterránea a 30 metros.

    Tokio, por su parte, aprobó una ley en 2001 referida al “subterráneo extremo” dado que el espacio de la capital japonesa es cada vez más escaso. La ley estipula que el espacio por debajo de los 50 metros de superficie es propiedad del Estado para construir instalaciones públicas, mientras que por encima de este nivel se pueden desarrollar diferentes actividades tanto de propiedad pública como privada. Por ejemplo, la estación de metro más profunda de la línea Toei Oedo (2000) se encuentra a 42 metros bajo tierra.
  • Derechos de propiedad: al igual que las construcciones que se erigen en la superficie, un elemento importante a considerar para el desarrollo urbano del espacio subterráneo es el derecho de propiedad, uso y acceso para usos públicos y privados. Mientras que en algunas ciudades los derechos de propiedad del subsuelo están relacionados con la propiedad y uso de la superficie, otras han podido separar la propiedad de la superficie y el uso subterráneo.

    En Londres la propiedad del subsuelo pertenece al dueño de esta en la superficie, sin embargo, existen múltiples excepciones que corresponden a las zonas con depósitos minerales (carbón, petróleo, gas, plata, oro, etc.) u otros recursos potenciales, como las aguas subterráneas, que deben responder a diferentes regulaciones normativas. Por su parte, la Ley de Utilización de Subterráneos Profundos de Japón (2001) establece que en las áreas metropolitanas de Tokio, Osaka y Nagoya no es necesario que los desarrolladores que deseen construir y gestionar el espacio subterráneo obtengan el consentimiento del propietario en superficie. Ello ha derivado en la necesidad de definir la extensión y límites de la propiedad en superficie y debajo de ella.

    En Beijing los derechos de propiedad se han tornado un poco más complejos que en el resto de las ciudades. La gestión de las edificaciones es un sistema en el que participan varios intermediarios, por lo que algunos refugios que fueron reutilizados después del período posguerra son propiedad de empresas privadas, mientras que otros son de la Oficina de Defensa Civil que los utiliza como atracción turística. Ello ha impulsado un sistema de alquiler ilegal cuyos usuarios son principalmente migrantes que no pueden costear el alto precio de la vivienda en superficie. Se estima que alrededor de un millón de personas viven en estos espacios sin las consideraciones de habitabilidad mínima, por lo que en los últimos años las autoridades de Beijing se han visto en la obligación de llevar a cabo diferentes desalojos.
Beijing underground city

Algunos de los antiguos búnkeres de Beijing se utilizan como atracción turística, mientras que otros son alquilados a personas de bajos ingresos que residen sin condiciones mínimas de habitabilidad. Foto de la izquierda: Bryan Chan. Foto de la derecha: Sim Chi Yin.

  • Usos del espacio subterráneo: de forma similar al desarrollo en superficie, la compatibilidad de usos en el espacio subterráneo y entre éste y las actividades en superficie es esencial. Debe considerarse también la intensidad de usos en términos de sus impactos por ruido o vibración, en la calidad del aire (olores, contaminación), en la salud (propagación de enfermedades, ventilación), seguridad (actividades sensibles, cantidad de usuarios), entre otros.

    Por lo general, la utilización del espacio subterráneo es mucho más costosa que la construcción en superficie, por lo que es importante diversificar las actividades que se localizan en él y considerar las dinámicas que se pueden generar en distintos horarios. Por ejemplo, el PATH de Toronto tiene una vida bastante dinámica durante la semana, no obstante, los fines de semana es un lugar desierto dado que ninguno de sus espacios comerciales se encuentra en funcionamiento. Esto ha derivado en que la red se constituya en una comodidad para circular en temporadas con climas extremos en vez de ser un destino específico en la ciudad. 
  • Prevención de riesgos: al igual que en superficie, es importante contemplar los riesgos a los que se exponen diferentes áreas de la ciudad para el desarrollo del subsuelo. Se deben prever aquellas zonas en donde existen barreras importantes para el desarrollo como cuerpos de agua o la composición de los suelos. Adicionalmente, los accesos al espacio subterráneo deben ser cuidadosamente planificados en casos de emergencia. Estos pueden ser accesos peatonales, pero también se debe prever el ingreso eventual de vehículos de emergencia.

    Dado el uso intensivo del suelo subterráneo en Tokio, el gobierno de la ciudad ha endurecido las regulaciones en términos de gestión de riesgos. Existen restricciones específicas sobre el número de salidas que debe tener una instalación y las construcciones deben responder a altos estándares que resistan eventos como terremotos o tsunamis. No obstante, otros proyectos como el Pedway de Chicago o el PATH de Toronto no cuentan necesariamente con las condiciones de accesibilidad necesarias en casos de emergencia. A pesar de tener múltiples accesos a la red subterránea, en ambos casos las secciones de estos sistemas son operadas por propietarios individuales de edificios o están conectadas a torres de oficinas que no siempre mantienen abiertos sus accesos, especialmente luego del horario laboral y durante los fines de semana.
Subterranean city risks

Foto de la izquierda: accesos cerrados del Pedway de Chicago. Fuente: Jaysin Trevino. Foto de la derecha: construcciones subterráneas en Tokio para mitigar las inundaciones. Fuente: Kentaro Takahashi.

  • Señalización y puntos de referencia: a diferencia del espacio en superficie en donde es posible ubicarse a través de edificaciones importantes, parques o calles, el espacio subterráneo suele carecer de puntos de referencia que permitan orientar a los usuarios menos familiarizados con el sistema de túneles. La mayoría de las redes peatonales subterráneas cuentan con importantes desafíos en su señalización que torna compleja la movilización de personas. El Pedway de Chicago tiene señalizaciones inconsistentes en donde algunos espacios cuentan con brújulas amarillas y azules colocadas en el piso, mientras que los de uso privado cuentan con distintos colores y con la estética del edificio al que se conecta, lo cual resulta engañoso para el usuario. Lo mismo sucede con el sistema RESO de Montreal y el PATH de Toronto, los cuales no responden a ningún esquema estructurado y unificado, sino que se fueron construyendo por tramos de propiedades privadas.
  • Reserva de espacios para usos futuros: la escasez de suelo en las principales áreas metropolitanas ha derivado en una maximización del espacio disponible y en la búsqueda de nuevos destinos para el desarrollo urbano en zonas bien localizadas. Es por ello que, ante la intensificación de las actividades en el subsuelo y para alcanzar la integración exitosa del desarrollo subterráneo con el suelo en superficie, es esencial la reserva adecuada de espacio, así como contemplar futuros accesos que permitan la conexión entre ambos niveles. 

    Helsinki es la primera ciudad en contar con un Plan Maestro Subterráneo en el que determina más de 200 áreas reservadas para el desarrollo a largo plazo, así como para las conexiones con la superficie. De forma similar, en Hong Kong el espacio subterráneo se ha tratado como un recurso valioso que comienza a reservarse para usos futuros específicos.

Plan Maestro Subterráneo de Helsinki. Imágenes: City of Helsinki.

¿Quién gestiona el suelo bajo nuestros pies?

Con la demanda de espacio comercial y residencial aumentando en la superficie, cada vez más desarrolladores están explorando formas de utilizar el espacio subterráneo. Pero más allá de las consideraciones técnicas que deben primar en la planificación de estas áreas como las condiciones geológicas, de ingeniería, seguridad y riesgos, la gestión y administración del espacio subterráneo requiere de una deliberación importante para asegurar el uso adecuado del mismo.

A diferencia de los suelos en superficie que son gestionados por la administración local, regional o central, muchas ciudades no tienen plena certeza sobre quién debe administrar y regular los espacios subterráneos. Esta falta de claridad sobre su administración impide que exista una visión a largo plazo sobre el desarrollo de estas áreas que responda a las necesidades esenciales de la población y que considere aspectos medioambientales. Adicionalmente, entendiendo los altos costos que contempla la construcción subterránea, debe existir una autoridad o una estructura de gobernanza que vele por el aprovechamiento del espacio y el ahorro de costos, tiempo y recursos que supone este desarrollo.

Si observamos algunos referentes históricos como el PATH de Toronto, podemos percatarnos de que la falta de gobernanza puede terminar afectando a los usuarios potenciales de estos sistemas. Los diferentes tramos del PATH fueron unificados en 1995 por un sistema de orientación completamente ineficaz que respondía a los intereses de los propietarios de las edificaciones y comercios que conforman esta red. A los administradores les preocupaba que, si fomentaban ciertas rutas sobre otras, el comercio sufriría y el negocio de alquileres en dichos espacios disminuiría. Es así como inició la tensión entre los intereses cívicos y comerciales en donde los usuarios trataban de orientarse para llegar del punto A al punto B, mientras que los administradores fomentaban una señalización que los dirigía a sus comercios.

Una situación similar se presenta en el Pedway de Chicago en el que cada edificio conectado a la red subterránea es responsable de su sección. Al no haber una entidad organizada o un conjunto de reglas que todos deban acatar, los usuarios transitan por un conjunto de pasillos de diferentes propiedades privadas que no presentan un desarrollo unificado ni sirve a un propósito mayor salvo la obtención de ganancias particulares.

Por su parte, el complejo desarrollo subterráneo de Japón ha derivado en el establecimiento de un sistema de administración que responda a los diferentes tipos de proyectos. Algunas intervenciones deben ser deliberadas en el Congreso y aprobadas por los consejos municipales. Luego de la aprobación inicial del gobierno, se deben presentar procedimientos específicos de planificación, diseño, revisión, concesión de licencias y construcción a la Comisión de Planificación Urbana. En su fase de gestión es posible crear diferentes tipologías de administración de la propiedad en donde participan tanto autoridades públicas como entidades privadas. Los subsidios, costos de operación y mantenimiento y ganancias asociadas a la utilización del espacio son previstas según cada proyecto.

Las secciones del Pedway de Chicago fueron diseñadas por distintas entidades. Foto de la izquierda: Greg Inda. Foto de la derecha: UrbanImages/Alamy.

Expandiendo las fronteras urbanas

El redescubrimiento del potencial de la “nueva frontera” subterránea ha derivado en múltiples proyectos que buscan atender las distintas necesidades de las ciudades actuales. La extensión de los sistemas de transporte masivo, la generación de nuevos espacios recreativos, la instalación de centros industriales y comerciales, así como la implementación de nuevos sistemas de alimentación de forma sostenible, han sido el resultado de las crecientes demandas de la población urbana que requiere nuevas formas de aprovechar el espacio.

El desarrollo del suelo subterráneo puede tener un impacto positivo si se relaciona de manera coherente con las actividades en superficie. Es fundamental examinar la necesidad actual de la construcción subterránea más allá de la infraestructura y servicios públicos que sirven a gran parte de la población de las grandes ciudades. En la superficie la escasez de terrenos ha impulsado nuevos mecanismos para la construcción en altura, no obstante, en muchas ciudades la implementación de estas regulaciones han respondido mayoritariamente a intereses privados para la obtención de ganancias. La complejidad que representa el desarrollo del subsuelo releva la importancia de que su uso esté supeditado a intereses colectivos. Los principales obstáculos lo constituyen la ambigüedad en las regulaciones, la incertidumbre generada por los derechos de propiedad, así como la vigilancia sobre el uso de estos espacios para que no terminen convirtiéndose en capas ocultas que no garanticen los estándares mínimos de calidad. 


Foto de portada: elaboración propia.

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